«A veces Juan Carrasco parece estar detrás de los políticos»


Iker Cortés

Vuelve Juan Carrasco, el político más bochornoso de España, y lo hace con una tercera y última temporada, ‘Venga Juan’, brillante, llena de humor y tan realista que da vergüenza. La serie se emitirá el 28 de noviembre en HBO Max. Detrás del personaje, un Javier Cámara (Albelda de Iregua, La Rioja, 1967) tan partidario de la obra que dirige uno de los capítulos por segunda vez.

-¿Cómo es devolverle la vida a Juan Carrasco en una tercera temporada? ¿Es esto lo más parecido que tiene un actor a volver a la oficina?

-No no no. Nunca lo quisimos. Queríamos darle la vuelta a Juan Carrasco y acabar con él. La idea era que la gente se sintiera satisfecha con esta tercera temporada. Si no hubiera más, me habría sentido muy orgulloso. Si HBO logra un gran éxito con la serie en el extranjero, haremos otra. Un ‘Bienvenido Carrasco’, pero estamos muy contentos. Ha sido una temporada muy deseable y todo remata un poco y es cierto que nos hubiera gustado que tuviera una caída en el infierno, que Juan se enfrentara a su pasado, que se fuera de Logroño a que él volviera, y sobre todo me gusta mucho. sabiendo que Juan era culpable, que extendió las manos.

El exministro de Agricultura, ya cruzó la puerta giratoria, con el pelo y en una empresa energética, hasta que una investigación sacude su tranquilo mundo. La secuencia de eventos es tan real y plausible que da miedo, ¿verdad?

-Sí, sí, ahora hay un político, en concreto, que también tiene mucho pelo. Pero bueno, lo pensamos antes de que tomara esa decisión. Creo que varias personas en este país se van a sentir muy identificadas porque hay unos papeles en los que aparece un tal J. Carrasco, pero no soy yo (risas).

-También se juega con la idea de que detrás de la corrupción no hay cabecillas.

-A veces da la sensación, como siempre decía Hannah Arendt sobre el nazismo, que no había nada detrás, no había teoría, había absoluta ignorancia, que es lo más espantoso. A veces te da la sensación de que detrás de los políticos está Juan Carrasco, que no es nada, un hombre con excesiva ambición, pero en el fondo muy pequeño, que quiere un gerente que coma por las pizzas y de vez en cuando una señora debe dormir. a tiempo mientras su mujer está con su hija en Logroño. Es una ambición que se arrastra. La corrupción española tiene una tipología muy concreta, hay algo de pegajoso en todo, todo se comete de una forma muy torpe. Escuchas las conversaciones de las personas que realizan transacciones por teléfono y te sonrojas.

– ¿Crees que el hecho de que en España nos reímos tanto de nuestra miseria, de los problemas de corrupción que están tan estrechamente ligados a nuestra sociedad, nos hace acostumbrarnos, y la condena que implica toda sátira es menos poderosa?

– No, no lo creo. Ojalá no. Creo que es cierto que los ciudadanos necesitan salir mucho más a la calle. Ahora mismo, con lo eléctrico, deberíamos estar en la calle, pero ahora. No podemos quedarnos quietos con muchas cosas y es cierto que le tengo envidia a Francia, que está saliendo a las calles en masa porque cada vez son más conscientes de que su democracia se basa en lo que han hecho la sociedad y sus ciudadanos. Aquí parece que lo que han hecho la sociedad y los ciudadanos lo han hecho los políticos, el Rey, los despachos, como si fuéramos meros títeres.

-¿Cómo te llevas con la política? ¿Estás tan tenso y polarizado como gran parte de la sociedad, o te lo tomas con resignación, pesimismo y aburrimiento?

– No sé, no sé qué relación tengo con la política y noto que es una pregunta lógica teniendo en cuenta que es una serie sobre política, pero no sé … Hay algo deprimente en todo esto. Y ya me da miedo el tema de la política mezclada con las redes sociales, el insulto se ha generalizado. Trump abrió la puerta a una caja de Pandora llena de mierda y la esparció por el mundo y hay algo que te asusta y luego hay gente que lo afronta y te da esperanza también. No voy a hacer juicios de valor generales, como hablar de la juventud incrédula o del ladrón político, pero es cierto que espero que salgamos más a las calles, que nos unamos más, que la ciudadanía necesita golpear la mesa.

-¿Te das cuenta de que el mundo de la cultura está cada vez más obligado a posicionarse?

– Es que tenemos micrófono y nos preguntas, pero yo no soy el mundo de la cultura, soy Javier Cámara quien da mi opinión. Y luego sale Javier Cámara y da su opinión y algunos dicen: «Aquí están los actores». Y prefieres quedarte callado. Cuando dan por sentado que cuando un actor piensa así, todos pensamos lo mismo, porque el pensamiento del periodista parece igual de frágil. ¿Sabes lo que está pasando? Si me preguntas sobre política, siempre andaré por ahí porque lo que digo ahora, probablemente te diga mañana que es al revés. Ahora, cuando entiendas el título, diré: «¿Dije eso?» Sí, soy muy ambivalente. No tengo un partido político que piense como yo, voto al que me deja más cerca de la estación de metro de mi casa. Hay partidos que cubren cinco estaciones y otros que cubren siete, pues yo voto por el que cubre siete. Nadie va a cumplir todo lo que quiero, por mucho que te prometan. La cultura siempre ha sido regañada, por la izquierda y por la derecha. Espero que le den el valor que tiene, pero también espero una ley de educación en la que todos estén de acuerdo. Me parece desastroso que no pudieran ponerse de acuerdo en las cosas más básicas. No pregunto por mí, sino por los que se van a educar. Ves otras leyes de educación en otros países y tienes envidia. Quiero que mi opinión no cuente porque soy muy analfabeta en muchas cosas y me ponen un micrófono delante y muchas veces no tengo ni idea de lo que estoy hablando.

Tres fotogramas de ‘Venga Juan’. / Virginia Martín Chico

-Hay momentos realmente incómodos en la serie para el espectador, como la vergüenza de otra persona, ¿sufre por filmarla y verla?

-Qué pasa, qué pasa, estoy defendiendo a muerte a Juan Carrasco. Esto es lo que un político español y berlanguiano y mediterráneo está ansioso por hacer, sacamos la chispa.

– ¿Ser un crítico tan ácido ha recibido ‘retroalimentación’ de la clase política en estos años?

-Mira, en la primera temporada era la más satírica y la que más buscaba la comedia, un tipo de la que no recuerdo qué fiesta nos decía que hicimos un documental en lugar de una serie no. Y estaba muy asustado porque significa que nadie nos manda, me dejó inconsciente. Me dejaron en Logroño de todos modos y hay gente que ha visto la serie y ha hecho pis, la gente también tiene muchos contratiempos.

“En la primera temporada, que fue la más satírica y la que más se buscó en la comedia, un tipo de la que no recuerdo qué fiesta nos decía que hicimos un documental en lugar de una serie. Y tenía mucho miedo, porque significa que nadie nos manda »

-Vuelve detrás de las cámaras en un cuarto capítulo sensacional y muy teatral: un escenario y dos personajes.

-Eduardo Blanco tuvo dos días para prepararlo, porque el otro actor que iba a hacer el capítulo se cansó de covid dos días antes de que se rodara y no podíamos esperar. Pero Eduardo le da ternura y una historia muy patética y muy bonita; esa fatiga, ese peso. Estuvimos mucho tiempo preparando ese capítulo. También es que ha sido escrito por Pablo Remón, que es el Premio Nacional de Dramaturgia de este año, como el que dirigí el año pasado. Diego San José se rodea de mucha gente agradable sobre la que escribir.

-Este es el segundo capítulo que maneja. ¿Qué debilidades y fortalezas vio esta vez?

-Esta vez estaba un poco asustado porque era el último capítulo que filmamos. La temporada fue muy poco tiempo. Filmamos todo sobre el covid en pleno covid, hubo mucha tensión, pruebas y supervisión. Si HBO hizo algo, fue para protegernos mucho del coronavirus y hacer mucho aislamiento y fue difícil para todos. Lo que más me gustó de dirigir este episodio, que para mí fue como empezar de nuevo, es que lo preparamos mucho más, hablamos mucho. La primera vez me lo tomé más, no en broma, pero fue como bueno, que nadie lo iba a ver, pero esta vez fue un capítulo muy lindo, involucraba más riesgos, había dos personajes que hablaban todos el tiempo y me lo pasé genial. También es un capítulo burbuja porque la temporada es muy emocionante, va a un ritmo muy fuerte y de repente se detiene en ese capítulo, para pasar una noche íntima con esos dos personajes. El guión ya te ha dado un estilo y una forma de contar la historia.

-¿Qué te trajo la dirección?

Ya he recomendado a muchos actores y actrices: «No te lo pierdas». No te pierdas la dirección si tienes la confianza. Es cierto que ahora cualquier director puede decir: «Oye cabrón, entra en tu trabajo y déjanos en paz». Pero me refiero a la experiencia de sentarse en un probador con un editor. Me senté con ellos y no aprendí más sobre el papel de actor que en esa maestría que me dieron. ¡Qué necesario es saber qué es válido y qué no es válido para un trabajo! Toda esa continuidad, todo el esfuerzo del guión, ves que no es en vano, es muy necesario y es pura técnica y es algo que hay que controlar.

“Recomendé a muchos actores y actrices que no perdieran la oportunidad de dirigir y la experiencia de sentarse en un quirófano con un editor. No aprendí más sobre el papel de actor que en ese máster que me dieron »

-¿Estás pensando en dirigir más cosas?

-Con Diego, en el fin del mundo. Teníamos mucha confianza juntos, fue un proceso muy divertido y me hizo dirigir estos dos episodios. Si estás en un ambiente donde estás filmando, hablas con todos y tu mierda los acepta y si les fallaste el texto, se ríen, si tienes ese colchón de seguridad con el equipo, entonces comienzas la aventura de no tener una puta idea y que la cague y que el director de fotografía te diga: «No, no, Javier, no puedes poner la cámara ahí». Al final, es un esfuerzo de equipo, pero fundamentalmente quiero seguir siendo actor.

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