«Ahora todo el mundo quiere jubilarse»


Carmelo Gómez (Sahagún, León, 1962) puede ser el más feroz entre los hombres o mostrar al mundo, desnudo sin complejos, su alma profundamente herida. Puede causar pánico o movimiento, puede hacerte odiarlo o saltar con confianza a su lado en un parapente. Pasan los años y este gran actor sigue atravesando el infierno como un ángel. Incomprensiblemente lejos del cine y las series de televisión, triunfó en el teatro con ‘Todas las noches un día’, de Albert Coneier y el director Luis Luque, dando vida a un personaje en las antípodas de una imagen poderosa que adorna algunas de las películas cinematográficas españolas de culto en las que protagonizó con gran éxito, como ‘Días cuentan’, de Imanol Uribe, o ‘El perro del hortelano’, el perfecto acierto de Pilar Miró. En «Every Night of the Day» interpretó al sensible, misterioso, frágil, esquivo y espeluznante jardinero Samuel. Ahora recorre los escenarios del país con su proyecto más personal: ‘A vueltas con Lorca’. Y tiene suerte de que la magia del teatro no se suelte de su mano.

– ¿En qué épocas vivimos?

– Tiempos difíciles, con demasiados sinvergüenzas cerca. Demasiada gente sin escrúpulos.

– En tus últimas obras teatrales le das vida a personajes muy sensibles, no tiene nada que ver con esos hombres duros que encarnaste a la perfección en el cine.

-He estado en movimiento durante mucho tiempo en busca de la fragilidad y les puedo decir que ahora me siento mejor que creando personajes fuertes, los pobres tienen muy pocos matices porque siempre tienen que resolver problemas y exhibir una personalidad superior. Ahora estoy más interesado en el arduo trabajo de lidiar con la fragilidad, que sin duda es fuerza. Yo hago eso y por eso terminé con Federica [García Lorca]Porque está constantemente en esa fragilidad y en el gran mundo de las pequeñas cosas y los pequeños acontecimientos.

– ¿Por qué no haces películas y series de televisión?

– No lo sé. Lo que sí sé es que hubo un momento en que estaba haciendo pruebas y no las aprobé. Y me dije: ‘Si después de 48 películas no paso las pruebas, tal vez se me ha roto alguna llave y ya no suena’. Decidí que ya no haría más pruebas ni pasaría por ningún tipo de tiranía de ese orden. Por otro lado, es cierto que el cine ha cambiado radicalmente y que ahora casi todo mira hacia las series. Espero grandes plataformas, más que cadenas de televisión, que son absolutamente horribles, jerárquicas y difíciles. Ya veremos…; lo que no quiero hacer ya son ciertos personajes porque no quiero repetir el esquema. Estoy un poco harta de ese cliché machista y duro.

– ¿Extrañas hacer películas?

– Eso es lo que más me gusta. Recientemente trabajé uno con Imanol Uribe, sobre la masacre [en 1989] los jesuitas españoles en El Salvador; Se llama ‘La mirada de Lucía’. Cuando me propuso matrimonio, le dije: ‘¡Voy al fin del mundo contigo!’ Fue genial para mí de nuevo y sentir que el cine es mi hogar además del teatro.

«No tengo una llamada como títere»

– ¿Estás en conflicto?

– Si hay un conflicto sobre quién se opone a ciertos atavismos, sí, lo hice. Y en el trabajo, a un director que de repente quiere poner un huevo giratorio allí, puedo decirle que no veo ningún huevo giratorio allí. Y si me dice que es su propuesta, punto, tengo la libertad de decirle que no quiero estar en esa propuesta. No tengo un título de marioneta. También soy muy vengativo en cuanto a condiciones laborales y no me gusta, ni lo tolero, que me tomen y me traigan como un paquete, como un producto. ¿Levantarse cuando las cosas no se hacen bien, están mal? No me parece.

– ¿No es?

– No soy servil ni complaciente.

– ¿Y a cambio, qué?

– Amo mucho a mi gente.

– ¿Qué te hace diferente?

– Soy sonámbulo, duermo un poco y me paso el día soñando. También me enfado mucho y me vuelvo ciclotímico; De repente lo quiero todo y, de repente, y al día siguiente digo ‘¡Lo dejo todo, no puedo más!’ Soy un poco inestable en ese sentido, pero soy un gran trabajador. Y creo que tengo talento, aunque mi capacidad de trabajo está muy por encima de eso. Soy frágil en envases fuertes. Siempre fui una persona frágil y asustada. Todo me afecta. El cine me puso en segundo lugar.

– Incluso en ese «símbolo sexual».

– No era consciente de eso, y no es que quiera ser tonto, porque todos me lo decían. Pero yo no creía ni jugaba en él, así que me fue fácil evitar esa pregunta, por eso mucha gente pensaba o me trataba como si fuera especial o fuera del grupo, y ni siquiera lo hice. quiere estar fuera del grupo, o ser especial.

Soñé con ser panadero

– ¿Vives como llegaste a soñar?

– Siempre viví mejor de lo que soñé, logré más cosas en la realidad de las que podía soñar. De niño soñaba con ser panadero y hacía mis propios panes de barro … Cuando, años después, [el aclamado director de escena] Miguel Narros, en la clase de actuación, me dijo que podía hacer grandes cosas, simplemente no lo podía creer y pensaba que todos estaban alucinando y llevados por mi voz, mi presencia … Pero sí, estoy haciendo este papel aquí, que para mí es muy importante porque me pone frente al público, algo que siempre he querido. Empecé a hacer teatro de calle, con puntero y algunos dibujos, contando historias en verso. Nunca me hubiera imaginado hacer en el escenario hoy lo que el cuerpo me pide y nada más que lo que el cuerpo me exige.

– ¿Cómo fue para él de niño?

– Un niño pequeño y frágil que no salió mucho por miedo a la violencia de otros niños; Yo era feo y flaco, me decían mono. Entonces, muchas veces, me quedaba en casa y, en el gran granero que teníamos, hablaba conmigo mismo durante horas. Creo que en esos momentos de recuerdo, de darme cuenta del daño que podemos hacer a los demás, curiosamente desarrollé la ternura interior que ha estado conmigo hasta el día de hoy.

– ¿Se sintió abrumado por la inmensa popularidad que logró?

– El cariño de la gente es el anfitrión, y eso se lo agradezco, pero la popularidad me molestó, me volvió loco. Nadie nos está preparando para eso, y yo hubiera dicho lo que fuera en ese momento y ya había un titular de mayor circulación en el periódico. ¡Joder, eso es brutal! Sufrí mucho porque en muchas ocasiones tuve que disculparme y llamar a mucha gente para pedir disculpas.

– ¿Cómo van apareciendo los hombres en el universo de Lorca?

– En ‘Gypsy Ballads’, por ejemplo, hay una presencia masculina muy fuerte; Lorca estaba muy cachondo por el macho y le cantaba por su pansexualismo. A ella le gusta el macho, pero nota que en ‘Bloody Wedding’ ese centauro a caballo, o Leonardo, es más frágil que la novia. Los personajes masculinos de Lorca son, en última instancia, frágiles y sacrificados.

– ¿Qué te enseñó el poeta?

– Lorca, como yo, era un español sobre todo, pero un español sin fronteras. ¡Y su país lo derrocó! Por ejemplo, cuando fue a Barcelona, ​​cuando le preguntaron si era español o qué era, respondió: ‘Soy de la República de Granada independiente’. Pero era un español despedido, un gran andaluz universal y poseedor de un corazón panorámico.

Estigmatización

– ¿Qué te sorprende?

– Todavía hay quienes están decididos a estigmatizar a un homosexual, que es diferente a ti. Curiosamente, venimos de culturas como la grecolatina, donde el pansexualismo no era un problema. Siempre digo que toda revolución es una búsqueda de los perdidos. En España ya teníamos una sociedad plural, abierta, pero hay quienes insisten en volver a mirar la raza, la orientación sexual …; y hay gente que tiene mucha otra gente, en lugar de buscar la convivencia entre todos. Está claro que ningún país puede acoger a todos los pobres del mundo, pero creo que nos hace mejor ayudar de todas las formas posibles, en lo que está en nuestras manos.

– ¿Alguna vez ha sentido un impulso homoerótico?

– No. Y algunos homosexuales me consideraban un «símbolo sexual» y algunos me decían: «Probablemente eres más gay de lo que crees». Y lo pensé, ‘veamos si me falta algo aquí’. Pero no, nunca, me queda muy claro que tengo una pasión absoluta por la mujer en todos los sentidos, no solo sexual. Ahora las chicas están muy sexualizadas y lo siento mucho. Son constantemente objetos sexuales y lo aceptan y aman el juego, un juego terrible, muy machista y muy peligroso para ellos. Eso es útil, les encanta actuar como Lolitas.

– ¿Cómo no cambia España?

– Hay algo en lo que nunca cambia: sus viejas estructuras. Pero también hay algo que está en constante proceso de evolución, porque somos mediterráneos y superficialmente nos estamos moviendo de una cosa a otra a una velocidad salvaje. Pero superficialmente no se vuelve profundo. La presencia de Vox, por ejemplo, es preocupante. Somos un país que se ha ido forjando poco a poco en la libertad y en el reconocimiento del otro. Las masas de hoy no viven en el pensamiento, sino solo en la compra y venta. Y es muy fácil para ellos decir: ‘Este es un buen tipo, este es un tipo malo, y agarro a los negros y los cuelgo a todos’. Y esto es muy peligroso, porque más de un anormal cree que es, efectivamente, la solución a las cosas. Por otro lado, también es cierto, España es especial, tiene un lugar descontrolado, pero la democracia también pasó aquí después de una larga dictadura, y también pasó con una evolución muy rápida. Estábamos todos muy emocionados y esperanzados y todos querían trabajar y ahora todos quieren jubilarse. Creo que hoy tenemos la obligación de emocionarnos, porque de lo contrario lo pondremos en el huevo de quienes pueden destruir directamente todo lo construido con tanto esfuerzo. A nivel personal, cualquiera de nosotros puede hacer mucho, aunque tengo muy claro que la tentación de ser un gilipollas es enorme; Lo fundamental es darle a los demás la importancia que se merecen, entre otras cosas porque yo no me construyo. Nos necesitamos el uno al otro.

«Veo tanta violencia»

– ¿De que estás asustado?

– Le tengo miedo a los demás, aunque después vengo al teatro y veo al público aquí y me da un sentimiento de amor. Pero voy allí y veo tanta violencia … Tenía miedo de que durante esta pandemia no nos reuniéramos todos. Lucharemos más tarde, ¡lo que había que hacer era la unificación! Incluso los jóvenes, y este es el más triste de todos, no se comportaron con pensamiento real, conscientes de lo que era todo aunque no les hubiera pasado nada; Les pasó a sus abuelos y a sus padres, y dijeron ‘¿y mi fiesta?’ Le tengo miedo a internet, le tengo mucho miedo a internet, y a nivel existencial le tengo miedo a la muerte, aunque soy consciente de que cuando llegue la esperaré tranquilamente.

– ¿De dónde vino tu pasión por la naturaleza?

– Creo que el origen es el hecho de que mi padre era campesino y que, por ejemplo, me enseñó a trabajar la tierra que ni siquiera pensaba en sacarle el máximo partido y luego descuidarla. El campesino sabe que debe cuidar a los que vienen después de él. Recuerdo que mi padre plantaba un higo que ya no veía dando higos. Me dijo: ‘Estará ahí para los que vengan’. Que estemos atentos al futuro, a los que se quedarán aquí cuando ya no estemos, tiene mucho valor.

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