Caminos, Puertas y Sorpresas – Gomeranoticias


Roques-Hermigua
Benjamín Trujillo

Cuando fui por primera vez al Museo Nacional de Arte, Reina Sofía, en Madrid a ver el Guernica de Picasso, lo hice por curiosidad, casi siguiendo la tendencia de aquellos años, que era que los liberales, si estabas en Madrid, hicieran una visita. . Nunca me ha emocionado mucho ver una fotografía del tamaño de una página de revista o una reproducción de póster.

Pero en el museo, tras recorrer un pequeño pasillo, casi a oscuras, apareció este enorme mural, oscuro y luminoso a la vez, poderoso y grandioso; Me voló la cabeza. Lo miré más de cerca, desde diferentes ángulos y me gustó, lo aprecié y lo sigo apreciando, pero fue el primer encuentro lo que hizo todo para mí. Me había pasado antes con otras pinturas en otros museos, con algunos edificios, bulevares, ríos o jardines de algunas ciudades, que por callejuelas o callejones, casi sin darse cuenta o sin querer, llevaban a uno a contemplar tremendas obras de arquitectura o ingeniería.

Felicito y felicito a los diseñadores o funcionarios del museo, a los urbanistas y a los artistas que evocan este golpe en mi corazón y este efecto en mi estómago.

¿Y qué sucede en la naturaleza? A veces con la ayuda de ingenieros ya veces solo. Cruzar el Túnel de Cumbre, aquí en La Gomera, siempre me producía el mismo efecto que contaba o me preparaba a sorprender del misterio y la belleza de cómo ir de Almería a Santander, atravesando unos cientos de metros, a través de un húmedo y ¿calle oscura? O, tras una curva, sorpréndete con las laderas de enebros y la aparición del Roque Cano, o entre Los Roques de Pedro y Petra, contempla una magnífica e insólita imagen del Valle de Hermigua, o de los Roques de Agando y Ojila, que sirven de pilares anuncian la entrada de un templo en el brutal bosque unos metros más adelante.

túnel de la cumbre

Siempre he estado en contra de considerar a La Gomera como el paraíso del mundo o la isla más hermosa de la tierra, y en contra de quienes hacen de la adulación de esta isla su razón de ser. No es cierto; Los milagros existen en todo el planeta, y muchas veces, quizás todas, el «localismo nacional» lleva a esconderse de otras realidades, a negar la existencia del resto del mundo y otras ideas. Escribo sobre lo que me es cercano como ejemplo y porque me gusta, sin comparar, sin desvalorizar nada ni a nadie.

También hay otro efecto interesante con el paisaje y creo que mi sensación no es única. Cuando vuelvo a mi ciudad desde el norte o el sur y después de un recodo veo La Villa, veo mi casa, siento la acogida, la de casa, la de mi madre.

Cuando vuelvo a la isla y aparece el muro del malecón, aún lejos, siento lo mismo, llego a mi casa.

Prueba a apoyarte entre Pedro y Petra en Hermigua, prueba a oler cuando salen los enebros de camino a Vallehermoso y sí, si vuelven a La Villa por el sur o por el norte, date una vuelta por el muelle y no pierdas el buen hábitos

Benjamín Trujillo

btrujilloascanio@gmail.com

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