Dani Alves se convierte en el primer firmante de la era Xavi


Dani Alves celebra un gol con el FC Barcelona. / REUTERS

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El FC Barcelona ha confirmado la llegada del extremo brasileño, sin equipo desde que salió del Sao Paulo en septiembre

Daniel Roldan

La revolución pacífica de Xavi Hernández sobre el control de la voluble nave del Barça fue para imponer más orden y disciplina en el destacamento. Ousmane Dembélé fue el primero en sufrir por la nueva política de entrenadores y fue sancionado por llegar tres minutos tarde al entrenamiento del viernes. Pero estos cambios no solo afectarán a los bolsillos de los futbolistas, sino también a su número en el vestuario. El Barça confirmó anoche el fichaje de Dani Alves, sin equipo desde que salió del Sao Paulo en septiembre. Es decir, viene a Barcelona a coste cero y con un salario moderado. Alivio para las cajas registradoras de los culés pobres.

De esta forma, Xavi apoya al lateral derecho, que en los últimos años ha dado tantos quebraderos de cabeza a los últimos entrenadores por la falta de plantilla, lo que habla de la pésima gestión deportiva del club. Solo Sergiño Dest puede considerar natural esta posición. Óscar Mingueza – central, sobre todo, aunque llenó – y Sergi Roberto – navaja suiza de la época de Guardiola – se turnaban cuando el estadounidense se lesionaba o jugaba extremadamente. Kuman y Sergi lo pusieron ahí.

La única sospecha con Alves (38) es su estado físico. De 2008 a 2016 compartió camarote con el actual técnico blaugrana. Se conocen a la perfección y Xavi sabe lo que puede aportarle el jugador de Juzeir, que ha ganado 42 títulos oficiales de carrera. El último fue el oro en los Juegos Olímpicos de Tokio. Tres campeones, dos Copas de América, nueve Ligas (seis con el Barça, dos con el PSG y una con la Juventus), cinco Copas del Rey (cuatro con los catalanes y una con el Sevilla) o cuatro Supercopas de Europa son algunos de sus títulos.

Solo necesita la Copa del Mundo para completar su brillante récord. Y para la cita de Qatar hay un año y nueve días para empezar. Tiempo más que suficiente para que Alves convenza al técnico brasileño Tite de que todavía puede darle a su país un último servicio.

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