El Instituto Cervantes impulsa un paseo por el exilio español en Londres


En la imagen, Luis García Montero, director del Instituto Cervantes. / ÉPICO

El exministro británico y candidato a líder conservador Michael Portillo acompaña a los congregados frente a la casa de su padre

Luis Gabriel Portillo perdió su trabajo en el Ministerio de Justicia el 18 de julio de 1936. Nacido en Ávila, el profesor de Derecho subió a un autobús y regresó a Salamanca. En el camino, se detuvo en una posada, donde llegó otro autobús, que manejaba en sentido contrario. Un amigo le dijo: «No vayas a Salamanca, Luis, a todos los matan».

Luego utilizó varias estrategias de supervivencia a disposición del exsecretario del Ministerio de Justicia en el Gobierno de la República, quien era «muy católico, políticamente moderado y pacifista». A estos tres rasgos de su padre siguió este jueves Michael Portillo, hijo de un exiliado español y exministro de Defensa del Gobierno británico.

El actual comentarista político británico y estrella de la televisión por sus documentales de viajes se sumó este jueves a un grupo de españoles, entre ellos el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero y el embajador José Pascual Marco, en la presentación de una hoja de ruta denominada ‘Recordando a los exiliados’ que recorre la geografía urbana de Londres exiliados y estará disponible al público en marzo.

La hoja de ruta en el Templo incluye la mención de Casiodoro de Reina y Antonio del Corro, partidarios de la reforma protestante. Los liberales se refugiaron en Somers Town, al norte de Londres, a principios del siglo XIX. El camino del Dr. Josep Trueta, Arthur Baree o Manuel Chaves Nogales, que escapó tras la victoria de Franco, conduce al precioso Lincoln’s Inn, a la antigua sede de la BBC, a Bush House o a la antigua Avenue Fleet Street.

El nieto de Chaves Nogales y el hijo de Portil compartieron sus vivencias frente al edificio de departamentos donde vivían sus primos, en la esquina de Russell Square. Temían que se descubriera su dirección en Inglaterra o que se revelara la dirección de sus familiares en España, cartas a esposas o hermanos y hermanas que afirmaban estar pidiendo fotografías a amigos lejanos.

Testimonio de los exiliados

Luis Portillo, cuyo hijo nunca supo cómo llegó a Inglaterra, pronto encontró empleo. Aplicó como instructor en un campamento cerca de Oxford para niños vascos evacuados ante la inminente toma de Bilbao por parte de la selección nacional. Una escocesa, estudiante de español y voluntaria en el mismo lugar, “pidió una mano”, dice su hijo.

Portillo se reencontró en Londres con Manuel Iruja, quien fuera su ministro y entonces presidente del Consejo Nacional Vasco. Se dedicaron, por ejemplo, a proteger a las tropas españolas concentradas en varios puntos de Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial, a las que las autoridades querían desmovilizar en el norte de África o en Italia.

Algunos lograron volver a España antes de morir, como Portillo, y otros, como Baree y Chaves, murieron en Inglaterra. Las grandes cifras del exilio inicial en el Reino Unido son las de los niños vascos, unos 4.000, y los casi 900 soldados republicanos, alistados en la Legión de Extranjeros francesa y más tarde en el ejército británico.

El mismo día se dio el nombre del hispano especialista en el Siglo de Oro, Trevor Dadson, a la antigua colección de la Biblioteca del Instituto Cervantes de Londres. En la Embajada, el profesor emérito del University College London, Ángel María García Gómez, entregó a la directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos, un manuscrito del siglo XVI del teatro que encontró en una tienda de antigüedades del sur de Inglaterra.

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