El paisaje dos años después de la batalla del 10-N


Javier Arias Lomo

Dos años después de las elecciones que hicieron posible el primer gobierno de coalición en la historia democrática reciente, se produjeron muchos cambios en el escenario político.

Las encuestas auguran que el PP, principal partido de la oposición, será el ganador en las próximas elecciones generales. Pero su líder, Pablo Casado, no pudo en esos 24 meses consolidar un liderazgo cuestionado dentro y fuera del partido.

En el 10-N logró mejorar los 66 delegados que reunió en las elecciones de abril de 2019. No fue difícil, fue el peor resultado electoral jamás cosechado por los populares. Pero los cambios de posición respecto al gobierno de Pedro Sánchez o Vox, su principal rival en el espectro ideológico de la derecha, alimentaron la imagen de una dirección gaseosa.

Pero lo peor está aún por llegar. La aguda disputa entre la dirección nacional y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso, por la dirección del partido en la región amenaza con privar al líder popular del puesto privilegiado que ocupa hasta ahora en las urnas. Un ascenso que estuvo influido decisivamente por la cómoda victoria que logró la concejala madrileña en las elecciones autonómicas del 4 de mayo.

Vox fue el partido que más se benefició tras la repetición electoral del 10-N, que lo elevó al tercer poder del Congreso con 52 escaños. Una atalaya que lo legitimó para presentar numerosos recursos inconstitucionales contra la actuación del gobierno, liderando así la batalla política en los tribunales contra Pedro Sánchez y su presidente del Ejecutivo. En total más de veinte en esta legislatura, incluidos los presentados ante condiciones de alarma durante la pandemia, que derivaron en graves derrotas para el gobierno.

«No somos cobardes»

El partido que lideró Santiago Abascal con el PP pasó por varias fases, que culminaron con la moción de censura de octubre del año pasado presentada por la de Santiago Abascal y que puso contra las cuerdas a Casado. «No somos cobardes, ni rabia ni ruido, no queremos ser como tú», le espetó el popular.

La mayor duda que vuela sobre las filas de ambos partidos es si el PP a partir de 2023, en caso de que gane, se verá obligado a contar con Vox o, por el contrario, si podrá formar un gobierno solo, algo que, según en el caso del PSOE en la última cita electoral, parece imposible.

Ciudadanos, que reemplazó a Vox como la tercera fuerza en el hemisferio, vio a Albert Rivera, su presidente y fundador, dejar el partido después de pasar de 58 a 10 delegados en solo seis meses, y también la política.

Desde entonces, y bajo el liderazgo de Inés Arrimadas, el partido vive un momento difícil y no exento de polémica, con la guinda del pastel de la fallida y estrafalaria moción de censura murciana. Esto condujo a la convocatoria electoral en Madrid que dejó a los liberales fuera de la Asamblea de la Comunidad. Quizás un empuje definitivo.

Otra resignación contundente, aunque vista, fue la de Pablo Iglesias el pasado mes de mayo. Pasó de vicepresidente segundo del Gobierno -tras el acuerdo alcanzado entre Podemos Unidos y el PSOE 48 horas después del 10-N- a una pelea en la arena electoral de Madrid para derrotar a su partido de una salvada segura de un naufragio. Podemos sólo consiguió diez escaños e Iglesias puso fin a una carrera política marcada por la polémica y el ruido.

Independientes

Otro elemento clave en el mapa político en estos dos años fue el papel fundamental que jugaron los nacionalistas e independientes. ERC, PNV o Bildu apoyaron a la Gerencia de la Coalición en momentos críticos como la extensión de las condiciones de alarma o la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado. Pero fue y es una relación con la navaja, especialmente con los republicanos catalanes.

La mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat de Cataluña, la remisión a los líderes independentistas del ‘proceso’ o el traspaso de cárceles al Gobierno vasco son algunas de las consideraciones que utilizó la oposición para acusar al Ejecutivo de Sánchez de forma recurrente. Pero para sangrar por el PP, Vox y Ciudadanos, la relación del Gobierno con Bildu. Todo forma un universo de órdenes y humillaciones para la oposición. La acusación de que «vendió los principios» para seguir en Moncloa resume el análisis de la oposición.

Han pasado 24 meses desde los últimos generales, pero parece que ha pasado un siglo. La pandemia detuvo todo en marzo de 2020 excepto el enfrentamiento político. De los cinco actores principales, dos, Rivera e Iglesias, abandonaron el escenario por la puerta trasera, dejando a dos partidos en crisis. Abascal se ha fortalecido y se esfuerza por ser el compañero esencial de vida de un hombre casado que teme quedarse sin gasolina para llegar a las urnas en dos años. Sánchez tampoco tiene motivos para estar tranquilo. El PSOE no retrocede, la recuperación económica es menor de la esperada y los aliados no se lo ponen fácil.

.

Deja un comentario