El sueño del equipo empieza con las zapatillas


Canteras UD celebra el final del partido ante Suregranka BM con un buen grito de batalla. / JUAN CARLOS ALONSO

El foro de Islet, que no comprende la raza y el género en el deporte, ha recurrido a ONG que aceptan migrantes menores de edad para ayudarlos.

Ingrid Ortiz Viera

A las cinco y media de la tarde el equipo infantil de balonmano «BM Suregranka» y el histórico equipo «UD Canteras» se dan cita en el polideportivo de la ciudad de Jesús Tel. Poco antes de la hora, los jugadores ya se están preparando y siguiendo las recomendaciones de los entrenadores relevantes para el calentamiento, que consiste en una serie rotativa en la que uno defiende la portería y el otro intenta marcar un gol. “Rápido, rápido, rápido”, Thomas Peña insta a sus jóvenes canteranos a abofetear.

Este vecino del área metropolitana lleva más de 40 años vinculado al mundo del deporte, en un momento al pie de la cancha, como árbitro, y ahora da instrucciones desde el banquillo. Conoce bien los valores aprendidos en el equipo, por eso le gusta compartirlos con las nuevas generaciones, utilizando la actividad deportiva como herramienta pedagógica de por vida. Sin embargo, hace solo unos meses se pensaba que el balonmano también podría servir como plataforma de integración para un gran número de menores que llegaban a las islas en barco. «Nos dirigimos a Cruz Roja y Cruz Blanca, dos organizaciones no gubernamentales que sabemos que trabajan en algunos centros de menores, y les pedimos que trajeran a todo el que quisiera participar», explica Penya. “Después de la discusión, les gustó la idea, y hace unas semanas empezaron a aparecer dos grupos: una decena de adolescentes de 15 a 17 años y algunos más jóvenes”. Los primeros, explica, entrenan tres días a la semana, y los segundos solo dos, alrededor de una hora y media, aunque admite que a veces la tarde se alarga porque la mayoría “no quiere salir de aquí”.

Comienza el juego. Según el entrenador, la estrategia de los niños sirve de poco, porque se trata de que aprendan las reglas básicas y algunas técnicas, pero, lo más importante, es importante que se diviertan. Risas, evitación del rival y seriedad cuando pide un pase lo confirman, a pesar de que ninguno de los menores africanos habla español. Son sus compañeros los que gesticulan el movimiento que necesitan hacer, la línea desde la que necesitan disparar a la puerta o el testigo en la actuación. Además, Peña asegura que recuerda algunos conceptos básicos de la lengua francesa que le son útiles, y los mayores ya están empezando a dominar el idioma. Este es el caso de dos jóvenes de Côte d’Ivoire que, aunque no pertenecían a esta categoría, querían ver el partido desde las gradas. «Hablo un poco», repiten tímidamente.

El árbitro pita falta cuando el bloqueador de un niño hace tropezar al oponente, «No», lo regaña con el dedo y, siempre que es posible, el mismo bloqueo estudiado sirve al equipo para marcar un gol. Desde el banquillo los aplausos aplauden, gritan con euforia y festejan con las mismas emociones cada vez que golpea un tiro. “El orden, la disciplina y el compañerismo son parte del deporte, y son una cosa más”, continúa Peña, quien amablemente pide a los jóvenes académicos que los abrazen luego de resolver otra disputa. “Son niños, no hay diferencia porque son de diferentes colores y no los toleraría. Incluso si no nos comprenden, nos comunicamos bien.

Sin embargo, el club no está exento de problemas, ya que el sueño de Penny va mucho más allá del simple entretenimiento de menores. Y esto es lo que pretende formar un verdadero equipo solidario e integrado que participa en los torneos. La presencia de africanos ya ha aumentado el número de jugadores en los niños, especialmente mujeres. Un aspecto importante, dado que en la transición a la categoría cadete (a partir de los 14 años), las chicas encontraron que formar un equipo no es suficiente. Por lo tanto, la supervivencia femenina aumenta, dice el entrenador.

“Me preocupa que logremos homologar toda su documentación porque es necesaria para el viaje o la federación, y su situación en este sentido es algo complicada”, explica. Hasta ahora, este inconveniente no les impedirá participar amistosamente en partidos en toda la isla, pero el entrenador dice que es parte de la experiencia jugando para el equipo.

De momento, el principal obstáculo que han identificado para desarrollar esta actividad es la falta de equipamiento deportivo. Algunos vecinos y asociaciones de la isla, así como organizaciones no gubernamentales que gestionan centros juveniles, la plataforma Somos Red o el Foro por La Isleta, iniciativa vecina de la que también es Peña, ya les han pedido que donen material deportivo, calzado. y licencia. De hecho, todavía están buscando en las redes sociales camisetas de la talla 40-44 para niños de 16 a 18 años. También se han implicado instituciones: el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha cedido instalaciones deportivas, mientras que ya están negociando un pequeño presupuesto solidario con el Servicio de Asuntos Sociales y la Unidad de Participación Ciudadana de Cabild.

En este sentido, Peña admite que ha visto muchos gestos de solidaridad frente al racismo, y cree que es solo un paso hacia una sociedad mejor. Finalmente el juego ha terminado. ¿El resultado? «Es lo mínimo».

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