«El vehículo privado debe desaparecer de las ciudades»


Hace cincuenta años, el libro sacudió los cimientos de la arquitectura. ‘El uso del desorden’, de Richard Sennett, advirtió sobre las consecuencias de un urbanismo rígido que distorsionaría a la larga algo tan importante como el desorden urbano, que genera también una ciudadanía crítica en relación con los demás. Ahora el arquitecto español Pablo Sendra, respondiendo preguntas en esta entrevista, se ha unido a Sennett en ‘Diseñar el desorden’ (Asociación Editorial) para analizar los cambios que han experimentado las ciudades en estas cinco décadas y sobre todo, las tendencias y propuestas que las ciudades pueden hacer cada vez más. humano, también en la era pospandémica.

-¿Las ciudades serán más humanas después de las conversaciones o, por el contrario, se esforzarán por aumentar el aislamiento y la separación de las personas?

-Una de las principales lecciones de la pandemia es la importancia de la infraestructura social formada por conexiones entre personas, encuentros sociales, ayuda mutua y grupos solidarios, así como espacios físicos que faciliten esta interacción social. En los peores momentos de la pandemia, los centros comunitarios administrados por voluntarios en Londres facilitaron la vida de muchas personas de varias maneras: ayudar a quienes necesitan acceso a alimentos saludables y también mantener espacios para la interacción social, que fue clave para hacer frente a muchas personas. la salud mental de las personas.

-¿Hay recetas genéricas para ciudades que podrían ser más «de por vida»? Me puedes decir algo

-En el libro, Richard Sennett y yo sugerimos ciudades que son más flexibles, que pueden cambiar según las circunstancias y la capacidad de evolucionar con el tiempo. También sugerimos ciudades más colectivas, con infraestructura física y social que las personas comparten. El intercambio de recursos conduce a una mayor interacción social, más relaciones de solidaridad entre las personas y más negociación. También puede generar conflictos, pero en el libro vemos ese conflicto como algo positivo y necesario para las ciudades. Los espacios urbanos que proponemos ayudan a las personas a afrontar estos conflictos.

-Las ciudades han sido durante muchos años lugares donde ricos y pobres se mezclaban en parques, comercios …, y tú en el libro hablas de ejemplos de plazas que sirvieron para esta mezcla. Ahora, sin embargo, se puede ver que las ciudades están cada vez más separadas, con urbanizaciones valladas, más seguridad … ¿Las ciudades luchan por eso? ¿Es peligroso para la convivencia hacer que eso suceda?

-Durante la segunda mitad del siglo XX y lo que fuimos en el siglo XXI, las ciudades tendieron a tornarse cada vez más rígidas y distantes. Richard Sennett llama a esto una «ciudad cerrada». Esto ha tenido un efecto devastador en las ciudades, ya que elimina la vida urbana. Por eso en el libro nos proponemos diseñar un trastorno, entendiéndolo como un trastorno de interacción informal, no planificada y espontánea entre distintas personas. Entendemos que, dado que la ciudad se ha vuelto tan rígida, esta perturbación ya no puede ocurrir de forma natural y debe ser planificada, diseñada.

-En el mismo sentido, ¿qué se puede hacer para reducir la desigualdad en las ciudades?

-La eliminación de las desigualdades requiere cambios estructurales muy profundos. En el libro, sugerimos varias acciones que pueden crear ciudades más justas. Proponemos la existencia de instituciones municipales abiertas en las que las personas puedan participar y que aseguren una distribución justa e imparcial de los recursos, servicios básicos para todas las personas, como salud, educación y vivienda, prestando especial atención a los colectivos en riesgo de exclusión. Además de estas instituciones municipales abiertas, proponemos redes de iniciativas colectivas que vienen de abajo. Estos diferentes nodos de la red operan de forma independiente, tienen sus propios sistemas de toma de decisiones y brindan una segunda capa de servicios y beneficios a través de sistemas de asistencia mutua. Los nodos de la red, a pesar de ser independientes, comparten conocimientos y recursos y están conectados en red. Las instituciones municipales abiertas, además de distribuir recursos y brindar servicios, también tienen la misión de apoyar estas iniciativas desde abajo y aprender de ellas.

-¿Qué se debe hacer con los coches en las ciudades? ¿Qué pasos tomarías con los vehículos?

– Un vehículo privado debe desaparecer de las ciudades. Ocupa un espacio desproporcionado en la calle y endurece las ciudades, además de tener un efecto perjudicial sobre el medio ambiente. Un coche eléctrico no es la solución a esto, ya que repite muchos de los problemas de un vehículo de gasolina. La solución es eliminar los vehículos privados de las ciudades. Se quedarán porque hay personas que necesitan un vehículo para su trabajo, y también vehículos compartidos que las personas pueden utilizar para viajar en determinadas ocasiones, pero no es sostenible mantener la cantidad de vehículos privados existentes.

-Pero cada vez que aparecen proyectos destinados a caminar o ocupar espacio con los coches, sectores como el comercio lanzan un grito al cielo. ¿Qué se necesita para adoptar mejor estas iniciativas peatonales?

Esa es una pregunta compleja. Por un lado, faltan métodos participativos que involucren a los comerciantes en la toma de decisiones y establezcan mecanismos para proteger a los comerciantes, especialmente en las fases de implementación. Muchas de estas críticas a veces surgen porque los comerciantes de repente ven que levantarán su calle y saldrán a la superficie sin que nadie les diga nada. Esto hace que pierdan clientes una y otra vez y las consiguientes pérdidas económicas. Cuando los arreglan, después de todas las pérdidas, suben el alquiler porque la calle es más bonita, se tienen que ir y son reemplazados por empresas “chic” que aburguesan la zona. Es normal que los comerciantes se nieguen. La solución es involucrarlos desde el principio, escuchar qué temas se necesitan y apoyarlos económicamente y de diversas formas en el proceso de transformación.

-¿Crees que el futuro de la movilidad urbana incluye las bicicletas?

-Las bicicletas juegan un papel muy importante en el futuro de las ciudades, aunque hay que tener claro que no es el único. Hay personas con dificultades de movilidad que tienen un acceso mucho más complejo a la bicicleta. Debe viajar más corto, reducir la necesidad de ir a trabajar todos los días, construir viviendas más asequibles para que las personas puedan vivir cerca de donde trabajan y, por lo tanto, hacer que caminar y andar en bicicleta sea más fácil.

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