Elvira de Hidalgo, la maestra olvidada de la española María Callas


Elvira de Hidalgo (1891-1980), gran soprano lírica española. / RC

Juan Villalba firma la primera gran biografía para redescubrir a la soprano aragonesa que alisó a la cantante griega y la convirtió en una diva

miguel lorenci

María Callas nunca hubiera sido la diva que fue si nunca hubiera conocido a Elvira de Hidalgo. Soprano lírica, nacida en la ciudad turolense de Valderrobres en 1891 y con una brillante trayectoria en los mejores teatros del mundo, Hidalgo fue la descubridora y maestra de Callas. Poco conocido por el gran público, Juan Villalba (Sarrión, Teruel, 60) firma la primera gran biografía de la olvidada cantaora aragonesa: ‘Elvira de Hidalgo. De prima donna a maestra Maria Callas (Fórcola Ediciones) en el que recrea su trayectoria profesional y humana.

Vicedirector del Instituto de Estudios Turolenses (IET), Villalba trabaja desde hace años en una documentada biografía de 600 páginas de la maestra María Callas y forjadora del mayor mito operístico del siglo XX. “La relación epistolar entre ambos revela cómo Hidalgo eventualmente se convierte en cómplice, confidente, amigo cercano e incluso en la segunda madre de Callas, quien tuvo serios desacuerdos con su madre, quien siempre la vio como una máquina de hacer dinero. No es la hija para darle el amor que le dio Hidalgo, quien se retiró de los escenarios en 1936 y apadrinó a Callas en 1939”, explica la biógrafa.

“Han pasado de una relación inicial de respeto y distancia a la complicidad”, insiste Villalba. Callas habló de su relación amorosa con Hidalgo, quien, justo cuando ella le aconsejó que se casara con Giovanni Battista Meneghini, le dijo que Onassis era un campesino que comía ensalada con las manos y que no le convenía, que no entendía. nada sobre la ópera y creía que Callas tenía un pene en la garganta.

Con sus enseñanzas y consejos, Hidalgo engrandeció a Callas y estuvo a su lado en su caída. “Cuando Callas se suicidó, muy probablemente en su departamento de París, había una fotografía de Hidalgo en el piano y otra fotografía de María Malibrán, otra gran soprano española del siglo XIX, hija de Manuel García, creador del bel canto que Hidalgo le dio a Callas. por ejemplo

«Cómplice, confidente, íntima amiga y segunda madre de María Callas, nutrió sus grandes cualidades innatas».

¿Hubiera Callas alcanzado la cima del bel canto sin Hidalgo? “No. Era un diamante en bruto, pero había que nutrir sus inmensas cualidades innatas. Su primer maestro creía que ella era una mezzosoprano y fue Hidalgo quien la llevó al ‘sfogato’ soprano, sin límites, que ella era, abarcando amplios rangos», dice Villalba. «Se encontró con una joven gorda, propensa al acné, muy miope y la transformó físicamente. Esto le demostró que ella era una verdadera diva en el escenario y en la vida. «Le dio la seguridad y la confianza que necesitaba para ser una diva», agregó.

Infeliz en el amor, Hidalgo se casó dos veces y tuvo varias amantes. “Su primer marido fue el mayor Marqués Guido Zarabelli, quien tuvo el placer de dejarla viuda por un breve tiempo. El otro, el millonario y político Armando Bette, regentaba teatros en Ostende y Montecarlo”, explica Villalba.

“Tuvo varios amantes en Grecia, entre ellos un barítono, su alumno, que le partió el corazón y la destrozó. Se codeó con presidentes, príncipes y aristócratas, fue glorificada por emperadores y reyes, y fue cortejada por Aga Khan y Romanov. Pero no le fue bien en el amor porque todos querían tirar de ella y ella siempre antepuso su carrera a sus pasiones y afectos”, recuerda una biógrafa que fue amiga de Anne Pávlova, Coco Chanel o Joséphine Baker.

Caruso y Plana

La primera parte de la biografía sigue la trayectoria profesional de Hidalgo, quien cantó con las más grandes voces de su época, entre ellas Enrico Carus y Miguel Fleet, y recorrió los mejores escenarios del mundo: Scala de Milán, Fenice de Venecia, Staatsoper de Viena, Metropolitan en Nueva York, el Covent Garden de Londres, el Colón de Buenos Aires, el Lyceum de Barcelona, ​​el Teatro Real de Madrid o los Teatros Imperiales Rusos.

“No es la mejor voz lírica que hemos tenido, pero sin duda la mejor Rosina de su tiempo, la atrevida protagonista de ‘El barbero de Sevilla’, popular ópera rossiniana que ha interpretado por todo el mundo”, explica Villalba. “Luego se saltaban la partitura, se les pagaba por los triples que conseguían y eso acaba quebrando las voces de los cantantes”, dice.

El verdadero nombre de la soprano era Elvira Juana Rodríguez Raglán. Estudió en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, ​​y en 1908, gracias a una beca, continuó sus estudios en Milán. Debutó a los 16 años en Nápoles como Rosina, su papel favorito. Se retiró en 1936 para dedicarse a la docencia, primero en Atenas y luego en Ankara, de 1949 a 1954, sucediendo a Giannina Arangi-Lombardi. En 1959 se instaló en Milán donde se convirtió en profesora titular en el Conservatorio de La Scala. Pasó los últimos 20 años en Milán y murió el 21 de enero de 1980.

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