La falta de goles azota a España


España necesitaba un buen debut que aclarara las cuestiones que la rodean y lograra todo lo contrario: aumentarlas demostrando flagrantemente la falta de fuerza que la acosa como un mal incurable. El equipo de Luis Enrique hace tiempo que se merece la victoria. A su juego se le puede reprochar poco o nada, salvo algunos momentos difíciles en la segunda parte. Dominaba el juego con absoluta autoridad. Sin embargo, sus ocasiones perdidas, de las que al menos seis fueron muy claras, dos en compensación arbitral, lo condenaron al empate. Y no solo eso. También redujeron las expectativas sobre sus posibilidades en el torneo. Algo es fácil de entender: con esta sangrienta falta de disparo, es imposible llegar alto y derrotar a equipos que no solo no sufren esta falta de goles, sino que también pueden presumir de lo contrario.

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España

Unai Simon; Marcos Llorente, Pau Torres, Laporte, Jordi Alba; Rodri (Thiago, min. 65), Pedri, Koke (Fabián Ruiz, min. 86); Dani Olmo (Gerard Moreno, min. 73), Ferran Torres (Oyarzabal, min. 73) y Morata (Pablo Sarabia, min. 65).

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Suecia

Olsen; Lustig (Krafth, min. 75), Lindelof, Danielson, Augustinsson; Larsson, Olsson (Cajuste, min. 83), Ekdal, Forsberg; Berg (Quaison, min. 68) e Isaac (Claesson, min. 68).

JUEZ MAYO:

Slavko Vinčić (Eslovenia). Mostró amarillo Lustig,

Incidentes:

12.517 espectadores en La Cartuja.

La realidad es que, como se ha visto en los amistosos contra Portugal y en muchos otros partidos, la Roja no consiguió su buen fútbol. Ayer no pudo ni culparle por la falta de profundidad como la segunda vez que el hilo de su juego desapareció en los metros finales. Los alumnos de Luis Enrique crearon una ocasión para batir a la ultradefensiva Suecia, que sólo dos veces llegó con peligro real a la portería de Unai Simon. Pasó el resto del tiempo recogiendo agua para evitar hundirse.. Sin embargo, la inexperiencia en las subastas, junto con la excelente actuación de Olson, el héroe sueco en la noche de Sevilla, acabó indignada. Morata, Koke, Olmo, Gerard, Sarabia … Cada uno de ellos podría cambiar su suerte en un accidente a un poquito de lo que fue un poco inteligente.

Suecia no hizo ningún esfuerzo ayer ni lo encubrió brevemente. Después de un pitido introductorio, entró en su campo y se dedicó a la defensa como un solo hombre. Andersson advirtió que tenía un plan táctico y mental muy bien definido para el partido y que no estaba mintiendo. Por supuesto que es. Lo que olvidó decir fue que su plan era más antiguo que llamar a la puerta: un pestillo monumental. Por tanto, España tuvo que romper la piedra desde el principio. Sobre todo le esperaba un duro duelo, una especie que pone a prueba la paciencia del equipo. Los suecos no sugirieron nada. No se arriesgaron. Algunos de los balones de su portero parecían estar dirigidos directamente al vacío, a lugares desvencijados del campo, como si estuviera perdiendo el tiempo, y no le interesaban ni Berg ni Isak, sus atacantes, que se metieron en una disputa.

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El equipo de Luis Enrique jugó tan bien como ante un rival similar. Movió bien el balón y buscó profundidad en las bandas, donde destacaron las actuaciones de Llorente, Olmo y el omnipresente Koke. La presión después de cada pérdida fue magnífica, el porcentaje de las participaciones de La Roje alcanzó una de esas mayorías búlgaras de más del 80%. España no tenía nada de malo, que iba por buen camino. En el minuto 16, un cabezazo de Olma debería haber abierto el marcador. Olsen lo evitó con un gran rescate. Poco después, Koke disparó desde fuera.

El 1-0 estaba ardiendo. Al menos así parecía. Los jugadores de Luis Enrique empezaron a encontrar fisuras en el muro de piedra sueco. Hace media hora, Koke falló un disparo de una carrera desde el borde del campo. Fue una buena ocasión, pero mucho menos clara que la que tuvo Morata en el minuto 38 tras un grave error de la defensa escandinava. El jugador madrileño, que fue blanco de críticas, no acertó cabeza a cabeza al portero cuando tenía todas las cartas. Las oportunidades desperdiciadas ya han comenzado a ser inquietantes. Y más para un equipo como España, que sabe que la falta de fuerza es su gran debilidad, una debilidad que reduce su nivel competitivo y lo expone a intimidaciones espantosas como la que provocó Isaac poco después del citado error de Morat. Llorente giró el balón hacia Unai Simón cuando ya estaba tirando. Sería una maldita paradoja que Suecia se tomara un respiro tras fichar unos 45 minutos tan vulgares, pero todo el mundo sabe que el fútbol está lleno de ellos. Se llaman injusticias.

El papel del entrenador en los vestuarios no fue fácil. La caligrafía de sus jugadores fue impecable. Interpretaron su guión a la perfección. Por tanto, se vio obligado a felicitarlos, animarlos y decirles que perseveren. Porque la orden de marcar un gol de una vez no está en el escenario del entrenador. España siguió la suya abajo, aunque bajó un poco sus revoluciones. Suecia también se mantuvo firme en su plan, que incluía ofrecer resistencia y atrapar algo contra alguien, como lo que tuvo en el minuto 61 de la mano de Isak. Berg lo desperdició. Luis Enrique movió el banquillo en busca de frescura. Sarabia y Thiago entraron al campo en lugar de Morata y Rodri, luego Gerard Moreno y Oyarzabal, y finalmente Fabián. La Roja volvió a rodear la portería sueca, provocando un gran desgaste. Volvió a crear oportunidades, Olson desvió un cabezazo vacío para Gerard, pero pasó una tras otra en una serie frustrante.

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