«La naturaleza puede vivir sin nosotros, pero la humanidad no puede vivir sin ella»


Escritor, poeta y guionista Julio Llamazares. / C7

Julio Llamazares presenta mañana «Primavera Extremadura» en la 33ª Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria

Luisa del rosario

El guionista, poeta y escritor Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955) asiste mañana (18:00 horas) a la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria con ‘Primavera Extremadura’ a mano. Una obra en la que como una “acuarela” escrita ofrece imágenes de sus pensamientos y sentimientos durante el cautiverio impuesto por la pandemia en marzo de 2020.

-¿Cómo se mezcla la experiencia traumática y la belleza?

-Este libro no fue pensado, ni entró en mis cuentas ni en mis cálculos. Es fruto de una pandemia y de la decisión que tomé de irme de Madrid en vísperas del cierre. Lo que en principio fue un escape de un enemigo invisible que asolaba el mundo se convirtió en una oportunidad para la reflexión y la literatura. El libro trata sobre la maravilla de la tragedia que ha sobrevenido a la humanidad y la deslumbrante belleza de la primavera que ha avanzado por la geografía del país, y en mi caso, la dehesa de Extremadura, donde me refugié. Se suponía que debía estar allí durante una semana y estuve allí durante tres meses. No teníamos experiencia con eso. Si bien esta no es la primera pandemia que golpea a Europa o al mundo, no teníamos experiencia, la última fue en 1917, como llamaron la gripe española, y murieron 20 millones de personas en todo el mundo. Éramos conscientes de la seguridad, de que no nos podía pasar nada. Somos la primera generación en España que no conoció la guerra ni la gran pandemia, y fue nuestro turno.

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-¿Sentirías el encanto de la primavera en la ciudad?

– Las estaciones se perciben mucho más en tierra que en las ciudades, eso es evidente. No experimentas el paso de las estaciones como en un pueblo pequeño. En el campo, eres principalmente de la naturaleza. Llegué a Extremadura, casa de mis suegros en alquiler en el campo. Siempre se alquila, pero por la pandemia cancelaron la reserva y dieron un adelanto a la pandemia y dieron la posibilidad de que mi esposa y yo pudiéramos trabajar en cualquier lugar y el hijo cerró la universidad, decidimos ir a esa casa a gastar eso. primer ataque. A un lugar más seguro en medio del pueblo extremeño. Esto duró tres meses y la pandemia continuó un año y medio después, aunque afortunadamente con menos frecuencia. Dio la casualidad de que en el momento de la pandemia, la primavera corría en paralelo. Al principio traté de seguir la novela en la que estaba inmerso en ese momento, pero noté que lo que estaba sucediendo era tan asombroso y aterrador – porque estábamos siguiendo a los medios, hablando por teléfono con un amigo … – y en contraste al tamaño y la belleza primaveral que brota a nuestro alrededor. Noté que no me estaba enfocando en la novela que estaba escribiendo y un día, dos semanas después, era mi cumpleaños, y como no me podían dar nada porque no podía irme, me regalaron una acuarela de Konrad Laudenbacher. , un alemán que también estaba pasando por una pandemia a dos millas directamente de la casa en la que estábamos. Este hombre era el curador en jefe de una galería de arte en Munich y se divirtió pintando acuarelas. Cuando lo tomé, me dio una chispa. Ese día me di cuenta de lo que tenía que hacer. Escribe, como acuarela, ‘Santa Cruz con lavanda’ y está en el libro, uno de esos que sucedieron en el mundo y a mi alrededor. Cuando vi esa acuarela, de repente se iluminó. Vivía angustiado por la pandemia. Mis amigos fueron reconocidos y algunos incluso murieron. No fue solo por lo que estaba pasando, sino también porque no pudo seguir escribiendo la novela con la que estaba. De repente surgió una chispa en mi conciencia que me dijo que tenía que escribir sobre lo que estaba sintiendo, algo sobre lo que siempre deberías escribir. Esa mezcla de miedo y preocupación por la pandemia y mareo con la belleza del manantial extremeño que estaba en su apogeo. Son acuarelas pintadas, como las acuarelas que pinta Conrad. Entonces, cuando terminé, le dije que me dejara acompañar las acuarelas pintadas con las pintadas porque se complementan.

-Las acuarelas son pinceladas sutiles. ¿Cómo escribiste eso?

– Por eso la voluntad era hacer más que un diario a través de dibujos escritos de lo que estaba sucediendo. La acuarela tiene mucha improvisación y pintura natural, por eso el subtítulo es «Notas en la naturaleza». No quería escribir un diario paso a paso, sino tomar notas de la vida, desde la ventana. Decir en pocas palabras, como acuarela, la sensación que tuve entonces y ese es el estilo de este libro. Impresiones extraídas de la naturaleza cuya profundidad es la fugacidad y la sencillez.

-Completamente roto por el estilo de la novela en la que estaba trabajando.

– Así es, no tiene nada que ver con eso. Es como pintar un mural enorme con una historia narrativa o cepillar lo que siente y ve. Se trata de estampas, una serie de estampas escritas que, como las acuarelas de Conrad, intentan transmitir las sensaciones que tenía en un momento en que el mundo se estremecía hasta sus cimientos cuando pasaba la primavera más espectacular con la ausencia de presencia humana en el suelo. Hubo un estímulo de los animales en la falta de personas en las carreteras. Digo que en una ocasión me encontré con dos ciervos en el camino. Por supuesto, no había nadie en las carreteras. Ese conflicto, ese conflicto de tragedia y belleza es un libro.

– ¿El mensaje es que le dimos la espalda al campo?

-Si hay un mensaje detrás de este libro es que debemos pensarlo y espero que haya muchas personas que, como consecuencia de la pandemia, hayan vuelto a algunos temas como el teletrabajo o la gestión de la vejez. En cuanto a los viejos, ¿los guardamos en un almacén de muebles? Los grandes acontecimientos, la guerra, la salud …, aunque sean negativos, cambian la historia misma a lo largo de la historia. Como puede suceder ahora en la isla de La Palma, que cambiará la forma de vida. Las grandes tragedias conducen a grandes cambios. Creo que el mensaje es que la naturaleza puede vivir aún mejor sin nosotros, pero la humanidad no puede vivir sin la naturaleza. Desde las ciudades esto se ve de forma paternalista o remota. Creo que cada uno de nosotros ha cambiado nuestras vidas para bien o para mal. Dejará alguna huella, pero a la larga no soy muy optimista de que volveremos a donde estábamos.

– No cree en lo que queríamos hacer mejor..

-Habrá gente que lo hará y gente que no. Solo tienes que ver a los reporteros. Vimos lo mejor y lo peor. Vimos personas del mundo de la salud que brindaron lo mejor, camioneros que los siguieron para que el mundo no se detuviera, y al mismo tiempo vimos la mezquindad. Personas que fueron vacunadas antes de lo debido o que como partidos políticos utilizaron la tragedia mundial para atacar y destruir al Gobierno, pase lo que pase porque cualquier Gobierno hizo menos lo mismo -más, nadie tenía una varita mágica ni una guía para una pandemia Y de repente tenemos 45 millones de epidemiólogos o ahora, 45 millones de vulcanólogos. El problema es la falta de humildad para reconocer que algo se desconoce.

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