Los franceses que mejor entienden a los españoles


El escritor, ganador del premio Goncourt en 2015, lucha contra la idea generalizada de que las ciudades son el lugar donde no pasa nada y admite que está ansioso por viajar de nuevo. La risa, advierte, es un asunto muy serio.

Mathias Enard es de esas personas que se contentan con haber encontrado su lugar, como si fuera un dicho de no nacer, sino de vivir, en su caso un traje a medida. Este francés, ganador del Premio Goncourt 2015, lleva veinte años viviendo en Barcelona, ​​enamorado de un país que se niega a definir porque su mayor riqueza, asegura, radica en su diversidad y «cualquier intento de clasificarlo está irrevocablemente condenado a El tema.»

La conversación tiene lugar en un restaurante de Bilbao, frente a la carta, según el título de su último libro, ‘Banquete anual de la cofradía funeraria’, una visión del entorno rural reivindicada por quienes piensan que nunca pasa nada en el pueblos. Envuelto en una copa de vino, habla con motivo de la Cumbre de Cambio Climático de “el dolor del reciclaje, aunque es más necesario que nunca”; pandemias, la “prueba de fuego para la construcción de Europa”; y risas. «Nos reímos de todo, pero no de nadie». Intentemos.

domingo

11.00 horas. Tengo una pequeña casa al norte de Burdeos donde me siento cómodo. Jardín, huerto … plantar y cuidar flores, recoger verduras. Los fines de semana son una ruptura total. Conectamos la historia con los centros de poder -Madrid, Barcelona, ​​París- pero las ciudades son una fuente inagotable de acontecimientos. No son un microcosmos, sino que están abiertos al mundo, formando parte de algo más grande. En España se habla mucho de la despoblación de las tierras, víctimas del abandono. Creo que es un proceso reversible y se ha visto en una pandemia: la gente está huyendo de la ciudad en busca de naturaleza y menos restricciones. Además, el capitalismo odia el vacío: cuando un sitio es más barato, no pasa mucho tiempo antes de que alguien lo vea como una oportunidad.

lunes

6.30 am. Me despierto con un reloj despertador (principalmente mi esposa), de lo contrario podría quedarme dormido al mediodía. La oficina está a metro y medio de la cama y lo primero que hago es empezar a escribir, no tanto para captar las ideas que me atacaron durante la noche, sino porque es un hábito adquirido. A veces usa el tiempo y otras veces solo se guarda una línea. No importa. Le dedico una hora y solo entonces me ducho y desayuno, solo café. Es un momento que dedico a escuchar la radio y leer la prensa.

10.00 horas. Empiezo el día repasando el orden del día y el correo electrónico, las facturas … Sólo cuando me deshago de él, pierdo el tiempo. Ahora estoy inmerso en una novela corta que es difícil de describir. Dejemos que eso cuente cosas como lo que significa la palabra «utopía». Escribo, investigo sobre tal o cual autor, lugar o tiempo … Al mismo tiempo, no soy de los que se documentan desde hace seis meses. Así que hasta el almuerzo, sin interrupción, en el relativo silencio que se puede disfrutar en Barcelona.

14.00 horas. Tengo un restaurante Karakala, la mitad con un socio. Está en Gracia y es comida libanesa. A menudo voy allí y aprovecho la oportunidad para ver cómo va el negocio. Hoy es sarmale, unas hojas de parra rellenas de carne, heredadas de los turcos. Es uno de mis platos favoritos, como las brochetas de cordero. Me encanta cocinar, también platos españoles, aunque cuando lo miras, ¿qué es «comida española»? En el norte se cuece, en el centro se hornea, en el sur se fríe …

martes

15.00 horas. El protagonista de mi novela ‘Banquete anual …’ se traslada a la ciudad para retratar a sus habitantes como si fueran un hecho científico. Es duro con los españoles, me refiero a definirlos sin caer en clichés. Vascos, andaluces, catalanes … Si algo he aprendido en veinte años es que el mayor tesoro de este país es su diversidad.

19.00 horas. Me invitaron a la librería Byron, para presentar el libro de mi amigo Jaime Rodríguez Zavaleta «Sólo nos quedamos», que acababa de publicar con Galaxia Gutenberg. Si no fuera por esto, estaría en casa y esperaría a que mi esposa regrese del trabajo y mi hija de la universidad. Hablamos de cómo fue nuestro día o nos vamos de compras.

23.30 h. La pandemia fue una prueba de fuego para la UE, que atraviesa un momento delicado a nivel político. Nos enseñó muchas cosas, primero que somos más fuertes de lo que pensamos; un intenso curso de adaptación a las circunstancias, renunciando según sea necesario.

miércoles

8.30 h. Escuché sobre el clima de tensión. España comparte una historia con Francia, a menudo salvaje. Es ridículo que nadie entienda menos a este país, probablemente porque los franceses tienen una tradición centralista que va en contra del modelo español, y las provincias siempre están luchando por el poder. Es necesario, además de los cambios de gobierno, que alguien tenga el valor de sacudir el escenario.

20.00 horas. Tengo una reunión con amigos en el bar Alegría, en la esquina de las calles Comte Borrell y Gran Vía. Ponen unos calamares rellenos que quitan la sensación. Nos gusta alargar la velada y de ahí vamos al Paralelo. Y así, entre platos fritos y platos de jamón, pasa la noche. Eso es lo que tienes cuando bebes un tercer trago, ¿verdad? La risa es un gran invento. Nos da la oportunidad de tomarnos las cosas en serio. Tiene algo de filosofía: ves las cosas desde la distancia y al mismo tiempo compartes una forma diferente de mirar el mundo.

jueves

15.30. Vuelvo a casa después de comer, caminando un poco más de una hora hasta la Gran Vía. Aprovecho ese tiempo para darle la vuelta a la novela que estoy «cocinando», de modo que tan pronto como llegue a casa pueda seguir trabajando sobre la marcha.

19.00 horas. Me encanta el teatro, pero prefiero los conciertos de música clásica. Hoy toca en honor al violinista Joan Manen en Palau. Privilegio, igual que Liceu si te encanta la ópera, como es mi caso. La urgente situación de salud nos privó de muchas cosas. Yo, por ejemplo, no podía moverme, estaba mal. Me espera un viaje a Rusia, otro a Oriente Medio … los planes se han pospuesto y espero recuperarme.

22.00 horas. La cena es muy catalana. Pan de tomate, chorizo, queso … Y una ensalada que no falta. Cuando terminamos, nos levantamos. Reciclar es un fastidio: sí, si es basura amarilla, verde, azul … pero es necesario, es parte de esa relación con la naturaleza que está tan amenazada. Pero quiero creer que mientras haya vida hay esperanza. Es mi momento de leer. Ahora me encuentro con la biografía de Antonio Machado, que me apasiona. Cuando quiero darme cuenta de que es medianoche.

viernes

16.00 horas. ¡Que dia! Abordé en El Prat y descubrieron una avería en el avión. No tengo miedo en absoluto, excepto cuando voy al quirófano. Me preocupa más lo que está pasando en Canarias, las fuerzas de la naturaleza que se liberan sobre las que no tenemos ningún control. Podemos superar la pandemia con ayuda, pero no hay otro banco europeo que valga la pena. Han pasado dos horas desde que llegué a Bilbao, gracias a Dios el carpaccio de gambas me esperaba aquí.

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