Una tormenta amarilla para liberar todas las ilusiones.


Jonathan Viera y Jesé Rodríguez celebran el primer gol. / cubrir

Exposición coral de la UD mirando hacia arriba y donde Jesé, Pejiño y Viera ya le tienen miedo a sus rivales

Kevin Fontecha

KEVIN FONTECHA Palma grancanaria

La vida es lo que pasa mientras esperamos que suceda algo. Y en caso de duda, nunca llega. Al contrario, si lo buscas, siempre termina. La UD, ansiosa por volver a ser grande, le dio un mordisco y creyó que se convertiría en un gigante frente a Gran Canaria volcado con los suyos. Así fue. En el campo un equipo, el que creyó y luchó hasta que fue posible.
Los goles los marcaron Jonathan Viera, Pejiño, Jesé y Peñaranda, pero la exhibición coral merece todo el reconocimiento en ese sentido.

No hubo medios tonos ni siquiera con el silbato inicial. En el minuto 10, tras la calibración, Rubén Castro lanzó un cartel sin marcar con el sello del autor en la cara de Raúl Fernández, pero Eric Curbelo, arrancando casi diez metros detrás del ariete y con esfuerzo físico casi contra la lógica, avisó. Satauteño bloqueó el disparo, y el público ya había entonado el primer rugido.
Mientras caían los resultados, Moleiro siempre sacaba a la gente del asiento con un bonito paso. En el césped afilado, donde el marrón finalmente pasó a verde, el canterano bailó descaradamente. Hubo aplausos en cada cambio y aplausos interminables por el trabajo de cada jugador de fútbol. Y Mel, por si fuera poco, incluso logró dosificar el esfuerzo y dar oportunidades a los más raros estos días.

Después de media hora de juego,
En la combinación perfecta entre Pejiña y Cardona, nació el primer gol de Viera en esta nueva etapa. Fue un muro entre el extremo y el lateral, con el baile travieso del catalán para dejar atrás a su pareja y luego ceder ante el mediapunta, que encontró una pierna que finalmente lo derribó en el área. Penalti, galones y gol. Imparable para Marco Martínez. Envió un UD que le gustó. Y no hay tiempo para cuidados paliativos
Cartagena sucumbió ante Pejín. El gaditano destrozó a Clavería con un sutil movimiento de caderas para, sin oposición y fuera del área, mandar el látigo a la red con su zurda dorada. Dos goles en menos de cuatro minutos, y solo 36 fueron en electrónica. El sol estaba saliendo en Gran Canaria. Con un equipo isleño de grandes y sedientos goles,
Jesé quería lo suyo. Justo antes del descanso, utilizaría el pase de Fabio para apuñalar el balón por encima de la portería del rival y poner el tercero. El estadio se estaba cayendo. Tormenta amarilla.

Después de una corta pelea con el defensor, Cartagena finalmente metió el balón a casa. Jonathan, debajo de los murciélagos, falló el cuarto en el regalo de Jesse, y luego Cardona lo perdonó, también desde el frente. Peñaranda, que saltaba para hacer dar un paso al equipo, no quiso estropear los caramelos que Jesé volvía a servir en la bandeja.
Con el cuarto gol y el lanzamiento de Boateng, los hombres de Mel levantaron el pie del acelerador. De hecho, Dauda marcaría un gol de honor para Cartagena y Mujica, perdería un penalti en el último minuto que pondría la mano en el marcador.

Fue un encuentro, de principio a fin, en el que se vio el poder de la Unión Deportiva. Atropelló a su oponente, y cada uno de los estudiantes de Mel mostró sus caras. La defensa se mantuvo sólida y solo en acción aislada, al final y cambios, el invencible gol desapareció. Cardona se dedica en el carril izquierdo,
Viera marcó 1.600 goles para Las Palmas en el segundo puesto, Nuke Nfulu impuso su ley en la sala de máquinas, Pejiño siguió sumando tanto y volvieron los amigos de Jesé Rodríguez.

Anuló el equipo amarillo a Rubén Castro, mención especial también se hace a Ferigri y Eric Curbello, para dejar tres puntos de oro en casa y sumar 11 puntos posibles de los 15 que tiene en lo que va de año.
Un triunfo impresionante para escalar el ascenso de puestos de play-off y hacerse con el sexto puesto y, por supuesto, viajar a Almería con la moral por las nubes. No será una salida fácil, ya que los andaluces son candidatos para todo, pero si la UD logra ofrecer la foto que tomó este domingo, puede aparecer una sonrisa amarilla en los Juegos del Mediterráneo.

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