Zonas mixtas Canarias7


El piloto francés de BMX Sylvain Andre, en la zona mixta de Tokio. / AFP

Tokio 2020

Aparecí en la planta baja, caminé todo el largo siguiendo los carteles impresos y terminé en un almacén con dos trabajadores japoneses mirándome en estado de shock.

Pio garcia

PIO GARCÍA Enviado especial para Tokio

Puede que no sepas que en todos los grandes eventos deportivos existe un espacio denominado ‘zona mixta’ donde los periodistas pueden acercarse a los deportistas que aún sudan tan pronto como terminan la competición para preguntarles lo habitual y responder lo habitual. Explico todo esto para señalar que mi relación con las áreas mixtas es al menos complicada. Tienes que darte cuenta de que he visto muchos más partidos de terceros que campeones y no hay zonas mixtas ni nada más en esos campos de Dios, solo algún bar benéfico con café, cerveza y bocadillos de chistorra. Si quieres hablar con alguien, sube a la cerradura, silba, pregunta y Santa Pascua.

Pero en la espuma del mundo se está volviendo más complejo, ves lo que le pasó a Biles e incluso a Djokovic, quien va sobre un gallo por la vida pero también tuvo un yuyu hace muchos años. El caso es que el otro día, cuando tuve que boxear, bajé a una habitación mixta. Seguí obedientemente unas flechas que decían «zona mixta». Me presenté en la planta baja, caminé toda la longitud siguiendo los carteles impresos y terminé en un almacén con dos trabajadores japoneses mirándome en estado de shock, como si acabara de aterrizar en su habitación con un platillo volante. Cuando les pregunté, en mi inglés oxidado, sobre la zona mixta, abrieron mucho los ojos, rompieron dos o tres oraciones ininteligibles y me hicieron una reverencia, así que me di cuenta de que me habían tomado por una deidad sintoísta que se les apareció.

Me encantaría quedarme con ellos y ver si prendieron fuego a mis palos, pero el boxeador se escapará si no me apresuro. Regresé al punto de partida y encontré que había la misma señal (“zona mixta”) en dos lugares diferentes: uno marcado a la derecha y otro a la izquierda. En Japón, a menudo tengo la sensación de que un tipo con flores saldrá en cualquier momento y me dirá, con gran pompa, que participe en la ceremonia «Inocente, inocente». Tuve que tomar una decisión y, como me pasa a menudo, me fui por el lado equivocado. No pasó nadie, y al cabo de unos minutos salí silbando para disimularlo. ¡Cuánto mejor recibiría regalos y oraciones votivas que estos solemnes trabajadores japoneses!

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