Tenerife enfrenta una expansión turística sin precedentes
Las claves
- Más de 15.000 camas se sumarán en el sur de Tenerife.
- Se proyectan dos campos de golf y miles de viviendas de lujo.
- La Fundación Canarina pide una moratoria turística inmediata.
Una expansión turística alarmante
El sur de Tenerife se encuentra en vísperas de una de las mayores expansiones turísticas en su historia reciente. Según la Fundación Canarina, hay en marcha o a punto de iniciarse alrededor de una veintena de proyectos en los municipios de Adeje, Guía de Isora, Arona y Granadilla. Esta expansión incluye la adición de más de 15.000 camas, además de miles de viviendas y villas de lujo, dos campos de golf y un total de al menos 3,8 millones de metros cuadrados de suelo, gran parte de los cuales se localiza en primera línea de costa o sobre terrenos agrícolas y protegidos.
La situación es especialmente crítica en un contexto donde el turismo ha sido tradicionalmente el motor económico de la isla, pero también ha traído consigo desafíos significativos en términos de sostenibilidad y calidad de vida para los residentes locales. Los proyectos en curso han despertado un amplio debate sobre la necesidad de equilibrio entre desarrollo y conservación.
Proyectos en Adeje y Guía de Isora
La situación en Adeje es particularmente preocupante. Entre los proyectos destacados se encuentran:
- Cuna del Alma: 420 viviendas de lujo en El Puertito, que incluye una piscina y un restaurante en la franja de protección costera, además de más de 3.600 camas.
- Hoya Grande: Previsto para albergar 1.680 camas hoteleras, 140 villas de lujo y un campo de golf con un consumo diario de 2,1 millones de litros de agua, cantidad equivalente al consumo de toda la población de El Rosario.
- Rocabella: Varias urbanizaciones de lujo situadas al borde del litoral.
En Guía de Isora, la situación es aún más complicada, con proyectos que amenazan la costa y su entorno agrícola:
- Costa San Juan (Grupo Los Menceyes): Dos hoteles de gran lujo, villas y zonas comerciales que suman 1.100 plazas sobre suelo agrícola y a lo largo de un kilómetro de costa.
- Los Maguenes: Un hotel de 900 camas, villas de lujo y también un campo de golf.
“Es urgente un cambio de modelo que ponga el territorio, los recursos naturales y a las comunidades locales en el centro”, señaló la Fundación Canarina.
Demandas de los ecologistas
La Fundación Canarina ha denunciado en sus comunicados la necesidad de una moratoria turística que detenga la expansión de nuevos proyectos en las Islas Canarias. Esta solicitud se basa en la creciente preocupación por el impacto ambiental que tales desarrollos tendrán en la región. Los ecologistas argumentan que la presión sobre los recursos naturales, como el agua y el suelo agrícola, es insostenible y que la calidad de vida de los residentes podría verse seriamente comprometida.
A medida que estas iniciativas avanzan, los movimientos sociales continúan organizándose para exigir una revisión de las políticas turísticas actuales. La incertidumbre sobre el futuro turístico de Tenerife y la presión sobre sus ecosistemas han llevado a que muchos ciudadanos se unan a la demanda de un modelo más sostenible. La comunidad ha comenzado a manifestarse en diversas ocasiones, pidiendo a las autoridades locales que prioricen el bienestar de los residentes por encima de los intereses económicos de grandes corporaciones.
Consecuencias y futuro incierto
La expansión turística en el sur de Tenerife podría tener consecuencias significativas tanto para el medio ambiente como para el tejido social de la región. El desarrollo desmedido puede provocar la degradación de ecosistemas marinos, la pérdida de biodiversidad y un aumento en la demanda de recursos hídricos, ya de por sí limitados en una isla. Además, la construcción de nuevas infraestructuras puede llevar a la alteración de comunidades locales y a un aumento en el costo de vida, lo que podría desplazar a los residentes originales.
Los próximos meses serán cruciales para determinar si se implementan medidas que frenen este crecimiento desmedido. La presión de los grupos ecologistas y de la comunidad local podría ser determinante para lograr un cambio en la política turística de la isla, orientándola hacia un modelo más sostenible y respetuoso con el medio ambiente.
