El humor como escape en las murgas canarias durante la dictadura
Las claves
- Las murgas canarias sirvieron como crítica social durante la dictadura.
- El estudio de Ricardo Rizo analiza su papel en la historia reciente de Canarias.
- La figura de Pepe Monagas destaca en la tradición humorística local.
El humor como resistencia en tiempos difíciles
Durante la dictadura franquista, el humor se erigió como un instrumento de resistencia en Canarias. Las murgas, junto a figuras emblemáticas como Pepe Monagas, Beuster y Felo Monzón, ofrecieron un espacio de crítica y expresión a través del carnaval. Este fenómeno social ha sido objeto de estudio por parte del historiador Ricardo Rizo, quien ha explorado cómo el humor se utilizó como válvula de escape en momentos de represión.
La investigación de Rizo, realizada como parte de su trabajo de fin de grado en Historia en la Universidad de La Laguna, se sitúa bajo la dirección del profesor Domingo Garí. En su análisis, Rizo examina el papel de las murgas durante el franquismo y la Transición, así como la evolución del humor gráfico, radiofónico y rural, haciendo especial hincapié en la figura de Pepe Monagas y el humor urbano de Manolo Vieira.
Las raíces sociales de las murgas
Las primeras murgas canarias surgieron como una respuesta a la conducta impuesta por la Iglesia y las autoridades franquistas. Los integrantes de estas agrupaciones, muchos de ellos trabajadores del puerto, del carbón y peones de diferentes oficios, pertenecían a las clases más humildes. En este contexto, el carnaval se convirtió en un acto de desafío y subversión.
“La crítica, la picaresca y la ironía con las que las murgas abordaban la realidad social convertían a estos grupos en defensores del pueblo”, explica Rizo. Durante un periodo en el que los medios de comunicación eran escasos y, a menudo, censurados, las actuaciones murgueras se mantenían en gran medida fuera del alcance del régimen, lo que les permitió criticar la situación social sin temor a represalias directas.
El cambio de nombre como burla
Para sortear la censura, muchos grupos de murgas adoptaron el término “afilarmónica”, una mera burla a la prohibición que existía sobre el uso de la palabra murga. Un ejemplo emblemático es el de Los Bigotudos, que en 1954 se transformaron en la Afilarmónica NiFú-NiFá. Este cambio no era solo nominal; representaba una estrategia para seguir actuando y, al mismo tiempo, burlarse de la represión.
“Las letras de las murgas tenían que sortear la censura, lo que las obligaba a ser ingeniosas y sutiles en sus críticas”, señala Rizo.
El carnaval, por tanto, no era solo una festividad; se convertía en un acto de resistencia cultural y social. Las murgas, con su humor y creatividad, lograron transmitir un mensaje de esperanza y crítica a la situación política de la época, permitiendo que la voz del pueblo se escuchara, aunque de manera velada.
Un legado que perdura
Este legado de resistencia y humor ha continuado evolucionando a lo largo de los años en Canarias. La influencia de las murgas y su capacidad para adaptarse a las circunstancias ha contribuido a mantener viva la tradición del carnaval canario, que aún hoy sigue siendo un espacio de crítica social y celebración. Las nuevas generaciones de murgas siguen tomando como referencia a sus predecesores, enriqueciendo un patrimonio cultural que combina lo festivo con lo crítico.
Consecuencias en la sociedad canaria actual
La relevancia de las murgas en la historia de Canarias no solo reside en sus orígenes, sino en cómo han influido en la identidad cultural de la región. El carnaval, que se celebra anualmente en ciudades como Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, atrae a miles de visitantes y se ha convertido en un símbolo de la resistencia y la creatividad del pueblo canario.
Además, las murgas han abierto un espacio para nuevas voces que, aunque no vivan en la misma represión que sus antepasados, pueden usar la sátira y el humor para abordar temas contemporáneos como la política, la economía y la identidad cultural. De esta manera, el carnaval y las murgas no solo celebran la historia, sino que también actúan como un espejo de la realidad actual, permitiendo que la crítica social siga viva.
Las murgas canarias, por lo tanto, no solo son un entretenimiento; son un vehículo de expresión que refleja las preocupaciones y anhelos de la sociedad. En un mundo donde la risa puede ser una forma de resistencia, las murgas se consolidan como un elemento esencial del patrimonio cultural canario, manteniendo viva la esencia del humor como herramienta de cambio social.
