Los cielos de España se conquistaron desde Canarias en el siglo XVIII

Los cielos de España se conquistaron desde Canarias en el siglo XVIII

Las claves

  • Agustín de Betancourt, José Viera y Clavijo, y Bernardo de Gálvez realizaron vuelos en globo aerostático en 1783.
  • La obra de Antonio Carnicero que representa estos eventos se exhibe en la RSAPT de La Laguna.
  • La historia canaria de la aerostática es menos conocida que la de los hermanos Montgolfier en Francia.

El auge de la aerostática en el siglo XVIII

A finales del siglo XVIII, la Ilustración desató una intensa fascinación por la conquista de los cielos. En este contexto, el 21 de noviembre de 1783, los hermanos Montgolfier llevaron a cabo el primer vuelo en globo aerostático sobre París, un evento que marcó un hito en la historia de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, la historia es más rica de lo que parece, y en España, tres canarios realizaron experimentos similares apenas seis meses después.

Los pioneros canarios de la aerostática

Agustín de Betancourt, José Viera y Clavijo, y Bernardo de Gálvez, este último canario de adopción, fueron los primeros en hacer volar un globo aerostático en España. Estos tres amigos, originarios de La Orotava, contribuyeron a la historia de la ciencia en un periodo en el que la idea de volar capturó la imaginación de muchos. A pesar de su relevancia, estos eventos han permanecido en gran medida en la sombra, eclipsados por el reconocimiento mundial hacia los hermanos franceses.

La figura de Agustín de Betancourt destaca no solo por su papel en la aerostática, sino también por su trayectoria como ingeniero y arquitecto. Betancourt fue un pionero en la introducción de nuevas técnicas y tecnologías en España y se le atribuye la modernización de la industria en Canarias. José Viera y Clavijo, por su parte, fue un destacado naturalista y académico canario, reconocido por sus investigaciones sobre la flora y fauna de las Islas. Finalmente, Bernardo de Gálvez fue un destacado militar y político, quien también jugó un papel crucial en la Revolución Americana, y su conexión con Canarias resalta la importancia de la región en el contexto histórico más amplio.

La obra que inmortaliza un momento histórico

El reflejo de esta historia se encuentra en la Real Sociedad Amigos del País de Tenerife (RSAPT), en La Laguna, donde se exhibe una réplica casi exacta de un óleo de Antonio Carnicero. Esta obra ilustra un acontecimiento que tuvo lugar entre 1783 y 1784, donde un gran número de personas se congregaba en espacios públicos, como el parque de Aranjuez en Madrid, para observar con asombro el vuelo de un globo aerostático.

“Conseguir una réplica casi exacta del cuadro que ya duerme cada día en el Museo del Prado ha sido una proeza comparable”, afirmó José Gómez Soliño, director de la RSAPT y exrector de la Universidad de La Laguna.

La pintura, que captura la esencia de la época, es considerada un tesoro por la institución, ya que no solo representa un logro artístico, sino también un testimonio del espíritu innovador de la época. La obra de Carnicero es un recordatorio visual de la curiosidad y el deseo de exploración que caracterizaban a la sociedad de aquel entonces.

Un legado olvidado que cobra vida

La historia de la aerostática en Canarias no solo es un capítulo olvidado de la ciencia, sino que también refleja la capacidad de los canarios para contribuir al desarrollo de la ciencia y la tecnología en un contexto europeo más amplio. Este tipo de iniciativas no solo enriquecen el patrimonio cultural de las Islas, sino que también ofrecen una perspectiva diferente sobre el papel de Canarias en la historia de la ciencia. A menudo, las contribuciones de los canarios han sido pasadas por alto, lo que subraya la necesidad de una reevaluación de su historia y su impacto en el desarrollo científico.

Claves para la comunidad actual

En la actualidad, la RSAPT busca promover el conocimiento de estos hechos históricos y su relevancia, invitando a la comunidad a explorar y reconocer el legado de aquellos pioneros canarios que miraron al cielo con la esperanza de descubrir nuevas fronteras. La historia de Betancourt, Viera y Gálvez es un recordatorio del potencial innovador que ha brotado en las Islas Canarias a lo largo de los siglos. Además, es una oportunidad para que nuevas generaciones se inspiren en estos ejemplos de creatividad y perseverancia.

La promoción de este legado no solo es importante desde una perspectiva histórica, sino que también puede servir como un impulso para el desarrollo de futuras iniciativas en el ámbito científico y tecnológico. Al reconocer y celebrar la historia de la aerostática en Canarias, se puede fomentar un mayor interés en la ciencia, la tecnología y la innovación entre los jóvenes isleños.