La necesidad de preparar a Canarias para el postvolcán

La necesidad de preparar a Canarias para el postvolcán

Las claves

  • Canarias debe prepararse para las consecuencias de una erupción, no solo para la evacuación.
  • La actividad geológica en Tenerife se ha mantenido anómala desde hace una década.
  • La experiencia del volcán Tajogaite en La Palma es un ejemplo de la necesidad de una planificación postvolcán.

Un enfoque limitado ante el riesgo volcánico

La preocupación por los sismos ha acaparado la atención en Canarias, dejando de lado una parte crucial de la prevención del riesgo volcánico: la preparación para el postvolcán. Este enfoque se vuelve fundamental, sobre todo en Tenerife, donde la actividad geológica ha mostrado un comportamiento anómalo durante aproximadamente diez años. La población se encuentra en un estado de alerta constante, preguntándose si habrá una erupción y cuándo ocurrirá.

Sin embargo, estas preguntas, aunque válidas, no deberían monopolizar el debate. La realidad es que los volcanes son una amenaza inherente a las Islas Canarias, y, tarde o temprano, se manifestarán en forma de erupciones. Por lo tanto, es imperativo que se amplíe la conversación hacia las consecuencias que seguirían a una erupción.

La experiencia de La Palma y la necesidad de cambios

La reciente erupción del Tajogaite en La Palma ha dejado lecciones significativas que la sociedad canaria aún no ha asimilado completamente. Durante la erupción, que comenzó en septiembre de 2021 y se extendió durante varios meses, se produjeron devastadoras consecuencias, como la destrucción de más de 3,000 edificaciones y la pérdida de miles de hectáreas de cultivo, especialmente de plataneras, que constituyen una parte esencial de la economía local. La experiencia de La Palma ha evidenciado la fragilidad de la economía canaria ante desastres naturales y la necesidad urgente de una planificación postvolcán que contemple no solo la evacuación sino también la recuperación a largo plazo.

“Si seguimos reduciendo el riesgo volcánico únicamente a la posibilidad de una erupción, acabaremos cayendo en el efecto del cuento del lobo”, señaló un experto en gestión de riesgos. Cada enjambre sísmico genera titulares alarmantes, pero la atención se desvía de la verdadera preparación que requiere una erupción, como el manejo de cenizas, la recuperación del suelo y la restauración de las comunicaciones. En La Palma, las cenizas cubrieron extensas áreas, afectando la calidad del aire y la salud de los residentes, lo que pone de relieve la necesidad de protocolos claros para gestionar estos desechos volcánicos.

Medidas necesarias para una preparación efectiva

Para abordar el riesgo volcánico de manera integral, se deben implementar varias medidas que incluyan:

  • Desarrollo de planes específicos de recuperación postvolcán, que incluyan el análisis de daños y la priorización de las áreas más afectadas.
  • Creación de protocolos para gestionar la caída de cenizas y su impacto en el medio ambiente, así como en la salud pública.
  • Fortalecimiento de las infraestructuras para soportar posibles erupciones, garantizando que los edificios y caminos sean más resilientes.
  • Formación de la población en la gestión de crisis y recuperación, asegurando que se disponga de recursos humanos preparados para actuar en situaciones de emergencia.

Además, es crucial fomentar un diálogo continuo sobre la prevención del riesgo volcánico que incluya a expertos de diversas disciplinas, así como a la comunidad local. La sensibilización sobre este tema es vital para que la población entienda que la preparación no termina con la evacuación, sino que continúa en la reconstrucción y la recuperación de la normalidad.

Consecuencias de una falta de preparación

La falta de preparación adecuada puede tener graves consecuencias. En el caso de que se produzca una erupción, la ineficacia en la respuesta puede resultar en pérdidas económicas incalculables y en un aumento del sufrimiento humano. Las comunidades que no estén preparadas para enfrentar la recuperación se verán obligadas a depender de la ayuda externa durante períodos prolongados, lo que puede afectar su estabilidad económica a largo plazo.

La experiencia del Tajogaite debe servir como un recordatorio de que la naturaleza puede ser implacable. La preparación integral es esencial para mitigar los efectos devastadores de una erupción en Canarias, donde la historia geológica nos enseña que este riesgo es parte de nuestra identidad. La planificación debe incluir no solo medidas inmediatas, sino también estrategias a largo plazo que aseguren la recuperación y el bienestar de las comunidades afectadas.