Pablo Ascensión Rojas recuerda su vida como marinero en el Sahara

Pablo Ascensión Rojas recuerda su vida como marinero en el Sahara

Las claves

  • Pablo Ascensión Rojas comenzó a embarcarse a los 13 años.
  • Vivió en un barco y trabajó en el Sáhara Occidental durante su juventud.
  • Recuerda la Marcha Verde y el impacto del ejército marroquí en los pueblos.

Los inicios de una vida en el mar

Pablo Ascensión Rojas, de 63 años, recuerda con nostalgia sus inicios en la vida marinera. Nació en La Puntilla, Lanzarote, en el seno de una familia de marineros. La primera vez que se embarcó tenía solo 13 años, un hecho que marcó el inicio de su trayectoria profesional en el mar. “Sí que quería ir”, asegura, aunque el acceso a la matrícula, el permiso para enrolarse, no se permitía hasta los 14 años. Sin embargo, Jorge Toledo, propietario del barco Altay, facilitó su enrolamiento.

Rojas cumplió los 14 años en Cabo Blanco, donde pasó más de cuatro meses en la zafra, un periodo de intensa actividad pesquera. “Pescábamos burros y jubillas con artes de cerco y se lo vendíamos a los franceses”, explica. La vida en el mar era dura: él y su tripulación vivían en un barco y trabajaban en otro. Este tipo de trabajo tenía sus desafíos, desde la lucha con el clima hasta las largas jornadas de trabajo. La pesca no solo era una actividad económica, sino una forma de vida profundamente arraigada en la cultura canaria.

Recuerdos del conflicto y la vida militar

El marinero recuerda que tenían un puntón, un barco de vela que no se usaba, llamado Jorge Luis, donde trabajaban el pescado. “Lo dejábamos dos o tres días allí para que se secara un poco”, comenta. Rojas estuvo embarcado hasta 1991 o 1992, siendo su último viaje en busca de sardinas a bordo del Monte Lentiscal. Tras este periodo, se dedicó a trabajar en tierra, un cambio que muchos marineros han experimentado debido a la evolución de la industria pesquera y las condiciones de trabajo.

Su vida como marinero también estuvo marcada por acontecimientos históricos. Durante su servicio militar, fue testigo de la Marcha Verde, un acontecimiento crucial en la historia del Sáhara Occidental. “Salí en el último barco que zarpó desde Villa Cisneros, hoy Dakhla. Vi cómo las embarcaciones del ejército marroquí fondearon en la bahía del Río de Oro y empezaron a disparar de noche a un pueblito frente al muelle, donde estaban las tropas nómadas de España”, recuerda Rojas. “Destrozaron todo el pueblo”, añade con tristeza. Este conflicto no solo tuvo repercusiones políticas, sino que también afectó profundamente a la población local y a aquellos que, como Rojas, presenciaron la devastación.

La vida en la costa africana y la memoria de un marinero

Después de finalizar su servicio militar, Rojas realizó varios viajes más a la costa africana. En uno de esos viajes, se enroló en el Pinzales, un barco con base en Las Palmas. “Y ahí fue donde ocurrió una de esas cosas que nunca se olvidan”, dice, dejando entrever que su experiencia en el mar ha estado llena de momentos significativos. Las historias de los marineros de la región suelen estar cargadas de aventura, pero también de nostalgia y anhelos, ya que el mar representa tanto oportunidades como la pérdida de un hogar.

El legado de la vida marinera en Canarias

La vida de Pablo Ascensión Rojas es un reflejo de la historia marinera de las Islas Canarias, donde muchos hombres y mujeres han dedicado sus vidas a la pesca y al mar. Desde los tiempos de la colonización, la pesca ha sido un pilar de la economía local y un componente esencial de la identidad canaria. Las técnicas de pesca, el uso de embarcaciones tradicionales y el conocimiento del mar son legados que se han transmitido de generación en generación.

Hoy, desde su hogar en Titerroy, sigue recordando aquellos días de juventud que lo marcaron para siempre. Su historia es un testimonio de la conexión entre la gente de las islas y el vasto océano que las rodea. Rojas no solo es un marinero; es un custodio de la memoria colectiva de un tiempo y un lugar, un narrador de historias que merece ser escuchado. En un mundo donde los cambios son constantes, su relato nos recuerda la importancia de honrar nuestras raíces y tradiciones marineras.