Canarias vive el séptimo julio más cálido desde 1961

Canarias vive el séptimo julio más cálido desde 1961

Las claves

  • Temperatura media de julio en Canarias fue de 23,5ºC.
  • Se registraron tres episodios de calor, con máximas de hasta 40,7ºC.
  • La provincia de Las Palmas tuvo temperaturas medias de 24,5ºC.

Temperaturas extremas en el Archipiélago

Canarias ha registrado en julio de 2023 una temperatura media de 23,5ºC, lo que representa una anomalía de +1,2ºC respecto a la media climática desde 1961. Este incremento convierte al mes en el séptimo julio más cálido de la serie histórica, según el avance climatológico publicado por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Durante el mes, las temperaturas máximas alcanzaron los 40,7ºC en la estación meteorológica de la Aldea de San Nicolás, en Gran Canaria. En cuanto a las temperaturas mínimas, la media se situó en 19,5ºC, con una anomalía de +1ºC, convirtiendo a este julio en el quinto más cálido en términos de noches.

Rachas de calor y condiciones climáticas

El mes estuvo marcado por tres intensos episodios de calor. El primero se dio entre el 4 y el 8 de julio, cuando se reportaron anomalías térmicas de hasta 4,4ºC sobre la media. Este periodo fue especialmente duro para muchos ciudadanos, ya que las altas temperaturas impactaron en la vida cotidiana, haciendo que se activaran alertas por calor en diversas localidades.

El segundo episodio, que tuvo lugar del 15 al 24 de julio, también generó temperaturas elevadas, lo que llevó a que muchas familias optaran por permanecer en casa para evitar el calor extremo. Finalmente, el tercer episodio culminó el 31 de julio con una temperatura media de 27ºC y una anomalía de +4,2ºC.

La Aemet informa que solo ocho días del mes presentaron temperaturas iguales o inferiores a la media climática. Amplias zonas de las islas orientales, así como de La Gomera y El Hierro, registraron anomalías térmicas que oscilaron entre 1,5 y 2,5ºC. Este fenómeno no es aislado, ya que en años anteriores se han registrado patrones similares, aunque este año ha destacado por su intensidad.

“Este julio ha sido notablemente cálido, especialmente en las islas orientales”, explicó un portavoz de Aemet.

Impacto en la población y el medio ambiente

A pesar de las altas temperaturas, el mes también se caracterizó por un aumento en las precipitaciones, acumulando una media de 1,7 litros por metro cuadrado, lo que representa el 189% del valor esperado. Este dato sitúa a julio como el undécimo mes más húmedo desde 1961, algo que puede parecer contradictorio, pero que refleja la complejidad del clima canario.

Desde la Aemet se ha observado que las noches tropicales, aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 20ºC, se registraron en estaciones de medianías y cumbres, aunque en menor cantidad que en años anteriores. En total, se contabilizaron 1.236 noches tropicales, una cifra inferior a las 1.409 del julio de 2025. Este descenso puede indicar un cambio en los patrones de temperatura nocturna, algo que merece seguimiento.

La situación climática en Canarias ha suscitado preocupaciones entre los expertos sobre el impacto en la salud pública y el medio ambiente. Las altas temperaturas pueden afectar tanto a la agricultura como a los recursos hídricos del Archipiélago. En este sentido, los agricultores locales están preocupados por las posibles sequías que puedan surgir en los meses siguientes, afectando la producción de cultivos esenciales para la economía de las islas.

Asimismo, el aumento de las temperaturas puede contribuir a la proliferación de enfermedades relacionadas con el calor, lo que lleva a las autoridades sanitarias a lanzar campañas de concienciación para que la población tome las debidas precauciones.

Consecuencias a largo plazo

A medida que el cambio climático avanza, los patrones meteorológicos en Canarias continúan siendo motivo de análisis. La combinación de temperaturas extremas y variabilidad en las precipitaciones podría tener un impacto significativo en la biodiversidad de las islas. Es fundamental que tanto las instituciones gubernamentales como la población en general se preparen para afrontar estos desafíos que, de no ser controlados, podrían modificar el paisaje y el entorno natural de Canarias en las próximas décadas.