Moya presenta la exposición 'Arqueología del vino en Gran Canaria'
Las claves
- La exposición se inauguró el jueves en la Casa de la Cultura de Moya.
- Destaca el patrimonio vinculado a la producción tradicional de vino en la isla.
- La muestra es itinerante y llega a Moya tras su paso por el Cabildo de Gran Canaria.
Una mirada al patrimonio vitivinícola
La Villa de Moya alberga desde este jueves la exposición ‘Arqueología del vino en Gran Canaria’. Esta iniciativa, impulsada por el Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria, tiene como objetivo dar a conocer el legado vitivinícola de la isla, especialmente los lagares excavados en roca que han sido parte crucial de la producción de vino a lo largo de la historia. La importancia del vino en la cultura canaria se remonta a siglos atrás, cuando la isla se convirtió en un punto clave para el comercio de vino en el Atlántico, lo que le otorgó un lugar destacado en la historia agrícola de España.
El acto inaugural se llevó a cabo en la fachada de la Casa de la Cultura de Moya y estuvo presidido por varias autoridades locales. Entre ellos, el alcalde Raúl Afonso, el vicepresidente segundo del Cabildo, Teodoro Sosa, y el director insular de Patrimonio Histórico, Juan Sebastián López. También asistió el concejal de Cultura, Octavio Suárez, y el arquitecto Javier Solís, quien ha investigado a fondo la historia y características de estas estructuras vitivinícolas. Este evento no solo marca la apertura de una exposición, sino que simboliza un esfuerzo conjunto por preservar y difundir una parte fundamental de la identidad grancanaria.
Detalles de la exposición
La exposición se compone de una serie de lonas informativas y un folleto explicativo que detallan la evolución del cultivo de la vid en Gran Canaria. Este recorrido histórico pone de relieve cómo la viticultura ha influido en la configuración del paisaje cultural de la isla, caracterizado por laderas de parrales, bodegas y lagares, así como otros elementos materiales e inmateriales que enriquecen esta tradición. La viticultura canaria ha estado marcada por la adaptación a un entorno difícil, donde las condiciones climáticas y el tipo de suelo han forzado a los agricultores a desarrollar técnicas únicas que son hoy parte del patrimonio inmaterial de la isla.
Uno de los aspectos más destacados de la muestra son los lagares excavados en roca. Estas estructuras, que datan de las primeras formas de transformación de la uva en Gran Canaria, son testimonio de la adaptación de las comunidades rurales al entorno y de su habilidad para aprovechar los recursos locales. Entre los ejemplos presentados se incluyen los lagares del barranco del Caidero, en San Bartolomé de Tirajana, y otros ubicados en diferentes municipios de la isla. Estos lagares no solo son un reflejo de la historia agrícola de Gran Canaria, sino que también son un símbolo de la cooperación comunitaria y del trabajo colectivo que caracterizó a las sociedades rurales de antaño.
“Esta exposición invita a descubrir una parte esencial del legado vitivinícola grancanario”, destacó Teodoro Sosa durante la inauguración.
La exposición tiene carácter itinerante y se convertirá en la primera parada en un recorrido que busca acercar esta herencia cultural a otros municipios de Gran Canaria. La Villa de Moya se posiciona así como un punto clave para la difusión de la historia vitivinícola de la isla, un patrimonio que, a pesar de su importancia, ha permanecido en gran parte desconocido para la ciudadanía. Este esfuerzo por visibilizar la cultura del vino también responde a un interés creciente por parte de los visitantes y residentes en conocer más sobre la gastronomía y tradiciones locales.
La muestra permanecerá abierta al público en la Casa de la Cultura, donde los visitantes podrán aprender sobre la rica tradición vitivinícola que ha caracterizado a Gran Canaria a lo largo de los siglos. Se espera que la exposición no solo informe, sino que también inspire a nuevas generaciones a reconectar con sus raíces agrícolas y a valorar la riqueza de la producción local. Además, este tipo de iniciativas fomenta el turismo cultural, atrayendo a aquellos interesados en la historia y la gastronomía de la isla, lo que contribuye a la economía local.
