La Universidad de la Laguna cierra 65 espacios por gas radón
Las claves
- Cierre de 65 espacios en la ULL por gas radón.
- 62 dependencias monitorizadas presentan niveles de riesgo.
- Se instalaron 1.454 detectores para medir la concentración de radón.
Detección de altos niveles de radón
La Universidad de La Laguna (ULL), situada en Santa Cruz de Tenerife, ha tomado la drástica decisión de cerrar 65 espacios tras detectar niveles de gas radón que superan los 500 becquerelios por metro cúbico. Esta cifra excede el límite recomendado por el Consejo de Seguridad Nuclear, que establece un máximo de 300 becquerelios para garantizar la seguridad en espacios cerrados.
Esta acción responde a la mayor campaña de medición de radón realizada en Canarias, que comenzó en octubre del año pasado. En un esfuerzo por garantizar la salud de estudiantes y personal, la ULL ha instalado 1.454 detectores de gas radón que operaron durante un periodo de tres meses, tiempo necesario para calcular la concentración media anual del gas. Tras el análisis de datos remitidos a un laboratorio acreditado, se obtuvieron resultados preocupantes, obligando a la administración universitaria a implementar medidas inmediatas.
La gerente de la ULL, Lidia Pereira, destacó la importancia de actuar rápidamente: “Hemos elaborado un protocolo de actuación inmediato y, en una primera instrucción, hemos decidido cerrar estos espacios y proceder al desalojo de las personas”, afirmó. Esta situación ha generado una gran preocupación en la comunidad académica, que busca entender el impacto de estos cierres en la actividad educativa.
Medidas de seguimiento y ventilación
Además de los 65 espacios clausurados, se ha detectado que otras 62 dependencias presentan concentraciones de radón entre 300 y 500 becquerelios. Ante esta realidad, la ULL está implementando medidas de ventilación natural adecuada y un sistema de monitorización continua para reducir los niveles de radón en estas áreas. Lidia Pereira aseguró: “Una vez verificado que los niveles se mantienen por debajo de 300 becquerelios, podrán volver a utilizarse”. Esto pone de manifiesto el compromiso de la universidad por restaurar la normalidad en la medida de lo posible.
La universidad también ha tomado la iniciativa de informar a toda la comunidad educativa sobre las medidas adoptadas. Para ello, se ha creado una sección en la intranet institucional que recopila información relevante sobre el gas radón, incluyendo resoluciones, instrucciones técnicas y datos sobre las mediciones realizadas. Este esfuerzo de transparencia es crucial para mantener la confianza de estudiantes, profesores y personal administrativo.
Responsabilidad y transparencia
El rector de la ULL, Francisco Javier García, ha enfatizado la importancia de abordar este problema con responsabilidad y transparencia. “Nuestro objetivo es asegurar que todos los espacios de la universidad sean seguros para su uso”, afirmó durante una reunión con el equipo directivo. Esta declaración refleja la seriedad con la que se toma la situación y la necesidad de garantizar un entorno seguro para todos.
El seguimiento de los espacios afectados se llevará a cabo conforme a la normativa vigente, con el asesoramiento de unidades técnicas competentes. La continua monitorización permitirá a la universidad tomar decisiones informadas sobre la reapertura de estos espacios, lo que es vital para la continuidad de las actividades académicas.
Contexto local y preocupaciones por la salud pública
La ULL es una de las instituciones académicas más importantes de las Islas Canarias, desempeñando un papel fundamental en la educación superior y la investigación en la región. El cierre de estos espacios ocurre en un momento en que la preocupación por la calidad del aire en espacios cerrados está aumentando, no solo en la comunidad universitaria, sino en la sociedad en general. El gas radón es un gas radiactivo que puede provocar problemas de salud a largo plazo, incluyendo cáncer de pulmón, lo que hace que su detección y control sean una prioridad.
Con la implementación de estas medidas, la ULL busca mitigar los riesgos asociados al gas radón y garantizar un entorno seguro para toda la comunidad universitaria. Esta situación pone de manifiesto la necesidad de un compromiso continuo con la salud y el bienestar de los estudiantes y el personal, así como la importancia de la investigación en la mejora de la calidad de vida en la región.
